En la memoria lxs que ya no están; en el corazón lxs que están a nuestro lado
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sábado, 21 de julio de 2012
viernes, 11 de mayo de 2012
No importa lo que lleves puesto mientras no imites servilmente.
A personas como yo, a veces se las enfrenta con preguntas con la intención de ridiculizarlas y hablar con desprecio de nosotros: ¿Qué dice el Islam acerca de comer estando de pie?, ¿Qué dice de comer con cubiertos?, ¿Se prohíbe ponerse sombrero?, ¿Se obliga a vestirse y/o comportarse como un árabe?, ¿Está prohibido hablar una lengua extranjera?
En respuesta a estas cuestiones digo que el Islam no da reglas fijas y rigurosas al respecto. El Islam no establece si los alimentos deben ser tomados con las manos o cubiertos. El Islam, sin embargo, aconseja que se mantenga el aseo. Respecto a zapatos, ropas, y sombreros, el Islam no especifica ningún uso o estilo en particular. A los ojos del Islam los idiomas son buenos todos por igual. Y todos los pueblos deben preocuparse por desarrollar su cultura e identidad.
De todos modos, el Islam dice algo más: se prohíbe destruir intencionadamente una forma particular de cultura. Se prohíbe ser intimidado por otros. Se prohíbe imitar ciegamente. Se prohíbe ser absorbido y deglutido por otros. Se prohíbe ser hechizado por otros, como un pequeño animal hipnotizado por una serpiente. Se prohíbe absorber las desgracias y aberraciones de otros en nombre de “moverse con los tiempos”. Se prohíbe ser colonizado. Se prohíbe creer que un andaluz debe volverse español/europeo/americano física, espiritual, interna y externamente.
Morteza Motahari,
traducción libre por Fatima at Turdetaniyya
viernes, 13 de abril de 2012
Desmitificando las raíces. Ejemplos de explotación de clase en la Andalucía de mayoría musulmana (siglos VIII-XV del CC*)
*Calendario Cristiano
Bismilahi rahmani rahim."No es oro todo lo que reluce" es un adagio que muy bien podría haber titulado o subtitulado este texto de opinión y reflexión, y es que desde hace tiempo -demasiado-, muchos sectores que han examinado y buscado contribuir en la Historiografía de Andalucía y su Pueblo han destacado sin reparos los grandes avances, logros y mejoras de la Civilización Andaluza que conoció el mundo entre los siglos VIII y XV -mal llamada andalusí-, pero han olvidado muy a menudo una parte principal, origen en muchos casos de tal esplendor: los trabajadores; hombres y mujeres obligados a vender o ceder su fuerza, su destreza y su tiempo, o lo que es lo mismo, su vida, a cambio de un jornal.
Llegados a éste punto, y en referencia al título, paso a compartir en extracto algunos pasajes del Kitab al Filaha, o Tratado de Agricultura, compilación sobre temas agrícolas de la Andalucía de mayoría musulmana, y en las que se pone en evidencia el trato que los "hacendados" (propietarios) dan a los trabajadores del campo, desde su dirección o a través de manijeros. Dicen así:
"Cuando el propietario regenta sus bienes […] debe ser […].., práctico, autoritario con los jornaleros,…"
"No les trata con excesiva benevolencia [el hacendado/propietario], imparte pronta justicia en sus asuntos y necesidades, les concede tiempo [a los jornaleros], observa su trabajo y les castiga si no hacen nada en su ausencia;"
"Escucha [el hacendado/propietario] solamente las palabras de quien considera los comprende,…"
"Tras la labor mal efectuada, habrá de incorporarse [de nuevo a la labor] alguien que se presente como un trabajador infatigable que pueda reparar el daño."
Tales consejos, de carácter cercano a lo maquiavélico, nos recuerdan a tiempos en los que el hombre podía ser propiedad de otro hombre en su forma más radical: la servidumbre o la esclavitud, antiguamente generalizadas. Vemos también como se castiga la supuesta holgazanería y se premia la actitud servil, algo muy propio en una conducta autoritaria, todo ello en un contexto en el cual la mayoría de la población era musulmana, desde las clases populares hasta las clases dominantes.
No es nuevo comprobar que formas de opresión de clase, principalmente feudalistas o cercanas a éste, y la propia esclavitud, existían en esa Andalucía de mayoría musulmana y el resto de la Ummah, aunque de forma no sistemática como en los reinos cristianos, si en zonas de frontera con éstos o en núcleos concretos repartidos por la geografía andaluza e islámica en relación a su situación socio-económica. Tras la conquista de nuestro país por parte de las coronas cristianas peninsulares en colaboración con la Iglesia Católica, el sistema feudal se generalizará -junto con la esclavitud- hasta devenir en la forma capitalista actual.
El Kitab al Filaha nos ha enseñado sólo algunos indicios, pero hay muchas más pistas aparte de unas severas sugerencias a la hora de dirigir una cuadrilla de jornaleros ¡el problema de la propiedad de la tierra en Andalucía no comenzó con aquella conquista! Sólo se agravó hasta hacerse estructural; comenzó mucho antes de que los felah mengus, los campesinos sin tierra de los que hablara Blas Infante, pasearan su hambre por este país conquistado. Probablemente si investigamos sólo un poco nos encontraremos con más evidencias, que nos llevarán aun más atrás en el tiempo…
Como trabajador andaluz he querido intervenir en lo que me parece un vacío en nuestra Historia como Pueblo, antiguamente libre, y señalar que la opulencia que a menudo se destaca no es sino un signo que evidencia una desigualdad, las más de las veces.
Insisto ahora en mi condición de musulmán en señalar a aquellos que desde mi país o tierras lejanas, incluida la Ummah, fomentan lo superficial de la materia y quienes ven en ella la cúspide de la obra de los seguidores del Corán, de Muhammad Rasulullah -la paz sea con él- y de todos los profetas. Nunca deberíamos olvidar que la primera mezquita tenía las paredes de adobe y un techo de hojas de palmera, y que cambiar ese barro por mármol y ese forraje por metal quizá no nos acerque más a nuestra meta.
"Los que se benefician de la ribâ* se levantarán como si el Shaytan los hubiera enloquecido con su toque. Pues ellos dicen: "Ciertamente, el mercado es igual que la ribâ". Pero Allah ha permitido el mercado y ha prohíbido la ribâ.
Corán, Sura Al Baqara (Azora de La Vaca), Aya 275
*Ribâ es traducido habitualmente como "usura".
¡Que la paz sea con todos este al-yumua 21 de yumada al-awal!
Iskander el Islam para Asabiyyah CMA
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martes, 1 de febrero de 2011
Declaración pública de los 17 represaliados en Granada el pasado 2 de enero
El pasado 2 de enero un grupo de granadinos y vecinos de otros puntos de Andalucía nos dimos cita en la Plaza del Carmen para manifestar nuestra disconformidad con la celebración de la conquista de Granada como festividad local. Desde muy diversas opciones políticas, todos rechazamos esta celebración por su carácter racista, franquista, militarista, españolista y por suponer la celebración de un genocidio. Todo ello enmarcado en el ejercicio legítimo de nuestro derecho a expresarnos libremente. Semanas después nos enteramos, a través de la prensa, que 17 de los asistentes iban a ser multados por hacer uso de su libertad para discrepar. En estos días hemos ido recibiendo las notificaciones de dichas multas emitidas desde la subdelegación de Gobierno en nuestros domicilios. Ante esta situación queremos manifestar:
Que, al margen de lo que ocurra con estas sanciones administrativas, en cuyo recurso ya estamos trabajando, nos resulta incomprensible que la polémica en torno a la Toma, avivada en las dos últimas ediciones, se presente en algunos medios como una disputa entre “ultras” de distinto signo, ignorando las razones y argumentos que aquí entran en disputa. Parece que lo único por lo que habrían de preocuparse los granadinos era poder volver a tener una Toma “sin incidentes”, entendiendo por “incidentes” el cruce de consignas pro y anti-Toma y algún que otro insulto de uno a otro lado de la plaza, que, sin duda, afea la ceremonia institucional. Pero no ha habido tanto alboroto mediático cuando durante todos estos años los grupos neo-fascistas y neo-nazis gritaban sus consignas y exhibían sin pudor su simbología racista y xenófoba a las puertas del Ayuntamiento de esta ciudad.
Que lo ocurrido con las multas viola nuestros derechos elementales, en concreto el derecho a la libertad de expresión. Como manifiestan las notificaciones expedidas por la subdelegación de gobierno, hemos sido multados por participar en los actos de protesta contra la celebración “provocando con su comportamiento reacciones en los grupos contrarios de ideología que se encontraban en la misma plaza”. Esos “grupos contrarios de ideología” a los que alude la denuncia eran, ni más ni menos, que grupos neo-nazis y neo-fascistas, que como todos los años acudieron a la Plaza del Carmen a gritar sus consignas racistas y xenófobas (este año incluso portaban una pancarta en la que rezaba “POR UNA NUEVA RECONQUISTA”).
Que todos estos años, en los que cualquiera que se haya acercado a la Plaza del Carmen el 2 de enero habrá tenido constancia de que en lo que allí acontecía había, cuando menos, indicios de que se estuviera promoviendo el odio racista y xenófobo, no se ha tomado ninguna medida legal ni política para impedirlos. Tales actos están tipificados como delito en el Código Penal, concretamente en el “Artículo 150”. ¿Dónde queda la responsabilidad del Subdelegado del Gobierno y del Fiscal Superior de Andalucía?
Que la respuesta del Subdelegado del Gobierno en Granada ante las protestas legítimas de un grupo de granadinos contra una fiesta que fue instaurada por el franquismo, evidencia que los procedimientos abiertos contra los 17 compañeros antifascistas son parte de un proceso de represión y persecución política dirigida, en particular, contra el movimiento político de protesta que pide el fin de una celebración xenófoba y militarista que se realiza en nombre de todos los granadinos y en general, contra toda la disidencia política que en la ciudad lucha por la justicia social. Una prueba más de ello es que el pasado 2 de enero, a un compañero le fue literalmente “quitada” por la Policía Nacional, sin más justificación formal ni de ningún tipo, una pancarta en la que rezaba: “NO AL RACISMO, NO AL FASCISMO, NO A LA TOMA”.
Que hemos sido informados en primera instancia por la prensa de que 17 de los asistentes a la protesta serían multados. Antes incluso de que llegara notificación alguna de la subdelegación de gobierno a nuestros domicilios, generando una situación de indefensión y amedentrando a todos los opositores a esta celebración.
Que ha habido asistentes a la protesta que han sido multados sin ni siquiera haber sido identificados en el acto. Lo cual podría hacer pensar en la existencia de una “lista negra” de granadinos por su tendencia política o ideológica que estaría en manos de las instancias cuyo cometido es establecer estas sanciones.
Que el proceder represivo de la Subdelegación del Gobierno no es un hecho aislado en Granada. Durante los últimos meses observamos como todo aquel que se opone a los planes del régimen, ya sean los afectados por el Trasvase del Río Castril, los vecinos de la Casa del Aire o los disidentes del 2 de enero, son sometidos a multas injustificadas e injustificables.
Asimismo, queremos convocar a los medios de comunicación y los vecinos de Granada en general a la rueda de prensa que darán los 17 represaliados el próximo jueves 3 de febrero, a las 11 horas, en la Sala de Reuniones de la facultad de Trabajo Social (C/Rector López Argüeta s/n).
lunes, 24 de enero de 2011
La cuestión simbólica andaluza
La cuestión simbólica, la que trata principalmente de una vexilología y una heráldica propias en la nación andaluza, ha sido escandalosamente ignorada -salvo dignas excepciones- por el movimiento independentista andaluz. Ha llegado el momento de plantear seriamente este tema en sociedad, con la coherencia y sensatez que caracteriza nuestra causa. Como pueblo tenemos derecho a decidir cómo representarnos a nosotros mismos y el lugar donde vivimos sin tener que usar los símbolos que nos impuso una conquista.
Los sucesivos gobiernos de España desde hace más de 500 años no han escatimado esfuerzos en despojar a los andaluces de su identidad, corrompiéndola y falsificándola. Para la historia oficial, Andalucia es un producto de España; ganada y reconquistada a unos “moros” a los que luego expulsó “para gloria de la cristiandad”. Fantasías y mentiras, basadas en una única realidad: la incorporación forzosa de los andaluces a un poder extranjero. Desde entonces, los símbolos del conquistador son los únicos válidos, como únicamente válidos han sido su gobierno, su lengua y su religión.
Por mucha que sea la presión ejercida por el colonizador, Andalucia tiene historia e identidad, tanta como las naciones que la rodean, y pese a que los andaluces no siempre tienen constancia de ellas. Es por ello que reclamamos usar símbolos propios, no extranjeros; que nos representen, no que representen la desdicha de nuestro pueblo. Rechazar como propios los emblemas del conquistador es dar un paso más hacia nuestra soberanía.
El mismo padre de la patria nos dio un incomparable ejemplo en la elaboración de una bandera, un escudo y un himno para nuestra nación. Blas Infante buscaba así recuperar la dignidad de una Andalucia despojada de todo desde hace siglos. Nos mostró un camino a seguir, para que los andaluces llevásemos ahora ese esfuerzo de progreso más allá de donde lo dejó él: a nuestras comunidades.
Son muchas las localidades que tienen entre sus símbolos emblemas extranjeros, mientras que otras no los tienen, o su lectura es ambigua o neutral. Sería ideal que el proceso de búsqueda de una simbología propia pasase, primero, por buscar en nuestro pasado como pueblo libre, y segundo, que la población se prestase voluntariamente para un posterior concurso y elección.
Quizá este asunto no sea prioritario en el movimiento de liberación nacional, pero desde luego es algo que debemos abordar para un próximo cambio. Para construir nuestro presente y futuro, debemos tener en cuenta nuestro pasado, y esto, es lo que el Estado Español ha pretendido eliminar con sus sucesivas políticas coloniales en nuestro país. Para luchar en el presente y por el futuro, debemos de recuperar nuestra identidad como Pueblo, rechazar los símbolos impuestos, y luchar por la recuperación de nuestra Memoria Histórica, rescatar algo imprescindible para nuestra liberación: nuestra conciencia, y como dice nuestro Himno Nacional: “volver a ser lo que fuimos”.
Asabiyyah, Comunidad Musulmana Andaluza y JIRA, la Juventud Independentista Revolucionaria Andaluza.
viernes, 31 de diciembre de 2010
Asabiyyah, Comunidad Musulmana Andaluza, contra el Día de la Toma de Granada
Bismillahi rahmani rahim.
El 2 de enero vuelve a ser un año más, desde que el franquismo la restaurara, la celebración de la rendición y toma de la medina de Granada por los Reyes Católicos y sus huestes. Este evento ha derivado, con el tiempo, en un acto fetiche del neo-fascismo internacional. Degeneración que no es casual; la extrema derecha española lleva más de 500 años atentando contra los andaluces; son ya más de 500 años de dominio extranjero; más de 500 años de sometimiento a una metrópoli colonial corrupta, criminal y decadente. En la desgracia que vivieron nuestros antepasados con la pérdida de su libertad, España encuentra su razón de ser.
En 1491 los ejércitos comandados por los Reyes Católicos rodean la medina de Granada. Este asedio es el último acto de un conflicto mucho más antiguo que la guerra que enfrenta al reino de Granada con los reinos de Castilla y Aragón, es el episodio final de la conquista de al-Andalus por los poderes cristianos peninsulares. Tras largas discusiones, intrigas y tensiones, Bu Abdil-lah (Boabdil según las fuentes cristianas) decide ceder bajo condiciones la ciudad de Granada. La entrega de las llaves de la medina se hará el día 2 de enero de 1492, año nefasto que pasará a la historia por ser el inicio del expolio, la devastación y la ruina que harán los españoles en Abya Yala (las Américas), y que continuarán con más rigor -ahora derrotado el reino de Granada- en Andalucia, islas Canarias y el Magreb.
Se debe destacar que los Reyes Católicos, esos a quien la historia oficial ha caracterizado con atributos caballerescos más propios del legendario rey Arturo de Britania -y que muchos historiadores aun creen y perpetúan-, buscaban acabar con el último territorio musulmán libre de Andalucia, entre otros objetivos, por puro miedo. Miedo a que los andaluces recibiesen el auxilio de la Ummah, y todo el esfuerzo de la conquista cafre de al-Andalus fracasase. Sus temores no eran infundados; rendida Constantinopla en 1453, el poder turco otomano avanzaba hacia el centro de Europa por los Balcanes y hacia el oeste por el Mediterráneo y el norte de Africa, sin una oposición eficaz que frenase sus conquistas. Granada suponía para el poder español un enclave que los turcos podrían usar y usarían, llegado el momento, en su avance por el poniente mediterráneo. Esta idea aterrorizaba a las cortes españolas y a la Iglesia. Pero por suerte o desgracia, tal cosa no llegó nunca a suceder.
En el reino de Granada los Reyes Católicos aplicarán sus métodos de colonización, heredados de sus ancestros, y delegarán como terratenientes y señores a sus jerarcas militares y religiosos implicados directa o indirectamente en la campaña granadina. Como ha ocurrido en el resto del territorio andalusí a lo largo de la conquista, la ocupación militar y la cristianización van de la mano. No tardarán los déspotas católicos en romper su palabra dada en las capitulaciones en cuanto a los términos de rendición, por los que la población no debía ser molestada en sus costumbres, habla o religión. Las semillas de odio y violencia que España ha sembrado en el desaparecido reino nazarí germinarán pronto, y sus frutos serán la justa insumisión por parte de sus habitantes. La paciencia de aquellos andaluces no era infinita, y en 1568 la situación ya es insostenible. La población toma las armas, con Muhammad ibn Umayya (Abén Humeya) como líder, en la que se conoce popularmente como "guerra de las Alpujarras" -por ser esta comarca el núcleo inicial de la rebelión-, siendo rey de España en aquel momento Felipe II, e inquisidor general Diego de Espinosa. Sólo podemos hacernos una idea del rencor que los andaluces guardan hacia sus opresores, y del desmesurado grado de abuso al que llegaron éstos. Tras los éxitos iniciales del levantamiento, las posibilidades de victoria empiezan a desvanecerse como un espejismo en 1570, muertos Ibn Umayya y su primo y sucesor Ibn Abbu (Abén Aboo). Cada derrota de los rebeldes andaluces ante las tropas españolas aleja la esperanza de libertad. Estos hombres -y mujeres- son los últimos muyahidin de al-Andalus, y cada muerto en combate, asesinado o huido, es una pérdida que no se puede reemplazar. En 1571 la guerra concluye. Los supervivientes que todavía se niegan a deponer las armas se refugian en las montañas o en los mares, para convertirse en monfíes o piratas. Para el resto de la población, solo hay sometimiento. De ello se van a encargar otra vez las malditas tropas de ocupación y la Inquisición. A los andaluces ya sólo les queda bautizarse y olvidar el din del Islam; aprender el castellano y olvidar el árabe andalusí; humillarse ante su nuevo poder o ser desterrado o ejecutado; para ellos no hay más opciones.
Todavía se sucederán algunas revueltas por el territorio andaluz, hasta bien entrado el siglo XVII, pero es a partir del siglo XVIII que el pueblo andaluz inicia un declive hacia el olvido de su propia historia e identidad. Desde Madrid la política de asimilación dará excelentes resultados, ejemplo de ello es su mito del "miedo al moro", pues al no existir diferencias significativas entre habitantes del norte de la península y del sur, el conquistador trama las mentiras de una supuesta invasión árabe/bereber sobre la que justifica su intervención violenta en Andalucia -el término "morisco" sólo hace referencia a los musulmanes andaluces, no a los judíos sefardíes ni a los "cristianos nuevos"- y su ocupación.
Por supuesto que las instituciones que dicen representarnos -en este caso, el Ayuntamiento de Granada- perpetúan y toleran este tipo de actos. Estos organismos son el entorno habitual de renegados y vendepatrias, que harán lo que sea por complacer a sus amos de Madrid, sin escatimar esfuerzos en reprender a los andaluces cuando éstos exijan dignidad como pueblo. No se debe caer en el error de creer que las instituciones, sean del ámbito que sean, van a dejar de glorificar a los conquistadores de Andalucia, pues no existe un poder andaluz como tal, sólo existe un poder bastardo que sirve a la metrópoli colonial.
No podemos, ni queremos, cambiar ni ocultar aquella derrota, que ya forma parte de nuestra memoria -corromper la historia se le da mejor a nuestros enemigos-, pero lo que si vamos a cambiar, porque podemos, y queremos, son las formas en la que la desgracia que ha vivido nuestro pueblo se recuerda.
Ahora desde Granada, y desde el resto de Andalucia, nuestra nación despierta y todo recuerdo de su sometimiento empieza a agonizar. Como andaluces, en nuestras manos está hacer de aquellas derrotas, victorias de hoy.
lunes, 13 de diciembre de 2010
Nuestro Oriente Próximo
bismilá
Andalucía, al encontrarse geográficamente en la puerta de Oriente con Occidente, se ha visto influenciada históricamente por sus dos formas de entender la vida. Al igual que todas las cosas, que se conforman tanto interior como exteriormente poseyendo una estructura y su cobertura, Andalucía, o mejor dicho, el genio andaluz (razón de ser de Andalucía) se compone por un interior (batin) y un exterior (zahir), y cada uno de estos aspectos se manifiestan en dos corrientes o formas de actuación que se pueden clasificar como: ‘oriental’ cuyo campo de actuación se centra en el sentimiento pasional ; y ‘occidental’, donde el pensamiento racional predomina. El genio andaluz, como dice Blas Infante, piensa y siente. Y ese es nuestro equilibrio. Aunque actualmente llevamos colgando del cuello el peso del yunque racionalista europeo.
Desde que Europa entró para aplastarnos el corazón, nuestro sentimiento se arrastra por el asfalto de la satánica industria euro-americana. Se produce así un desequilibrio que se refleja en la monotonía inerte [normalidad democrática y/o pacifismo cementérico] de la sociedad andaluza, que, ‘gracias’ a la maquinización hasta las mismas entrañas de nuestra esencia llevada a cabo por la industria ‘España S.L.’, se nos impone vivir inmersos en un transcurso de secuencias informatizadas, con las que nos cuadricula y ridiculiza, yendo contra la naturaleza misma de nuestra forma de ser.
Occidente desequilibra la balanza poniendo más peso en su lado. Nos condena a estar en una superficie, nos prohíbe adentrarnos en el sentimiento, y si nos lo permite es para convertirnos en su circo particular: payasos que entretienen a los ‘señoritos’, siempre acotando el contenido de las actuaciones para ajustarlas a su política.
Occidente y su vara de medir: el tiempo y el capital; la producción y la cantidad: he aquí la enfermedad.
Desde que nacemos somos clasificados, identificados con un número, nuestra infancia se desarrolla amarrados en las escuelas, el tiempo transcurre con frialdad, haciéndonos inconscientes, enajenándonos, drogándonos, enseñándonos a actuar como sumisos robots de cadenas de producción.
Consecuencia de la condena estudiantil es el ‘trabajo’: lugar donde el sistema cambia nuestro tiempo por capital. Nos arremete con su martillo y nos exprime, utilizando la sangre como engrasante de su máquina (auto)destructora, para al final ‘jubilarnos’, desechándonos y pagándonos el precio de la prostitución durante nuestras ‘vidas laborales’. Nos mata de aburrimiento y nos condena al suicidio. Nos asesina día a día con el transcurso asfixiante de las horas. Conviviendo con la amenaza de la muerte (recordada constantemente en los medios de alienación), nos obliga a vivir en una contrarreloj cuyo 0 está cada vez más próximo, haciéndonos creer que, paradójicamente, todavía somos jóvenes. Occidente nos reparte en porciones individuales, perfectamente envasadas y asépticas.
Descartes decía: ‘’pienso, luego existo’’… axioma europeo-racionalista. De esta forma, nuestra existencia se basa en el pensar. Nosotros mismos nos bastamos, nos inventamos nuestras propias bases mutagénicas y en ellas fundamentamos nuestros actos. Conjeturas, especulaciones inorgánicas, estériles, nos convierten en rancios intelectuales que viven presos de sus teorías, reclusos en sus burbujas como monjas encarceladas en asilos aberrantes. Separándonos de nuestro entorno y de nuestra gente, de nuestra naturaleza y existencia. Mientras el interior, escondío tras el maquillaje, se encuentra amordazado y atado en una esquina. Nos descubrimos desorientados, ennortaos, lanzando kehíos al aire y rebotando contra el faraónico muro español/europeo/americano/israelí/babilónico.
Alhamdulillah, la pasión aflora en cada rincón, como las plantas que a pesar del asfalto consiguen salir a la superficie para saludar al sol. Los aires flamencos nos agitan hasta encontrándonos enjaulados entre hierro y hormigón, electricidad y ferrocarriles.
Seamos conscientes de lo que somos. Cojamos las riendas de nuestro destino. Decidamos como pensar y sentir. Declarémonos profundamente anticartesianos y en contra de cualquier modelo de existencia impuesto.
Para ello, que mejor arma que la expresión sin que tenga que pasar por el filtro del Estado (experto en utilizar nuestras fuerzas para su provecho). La formación de comunidades, el estrechamiento en las relaciones, la organización. Por que solo así conseguiremos conocernos, sólo de esta forma no seremos reducidos tiempo y capital, producción y cantidad.
Fatima Azahara at Turdetaniyya
7 muharram 1432, Sevilla
lunes, 29 de noviembre de 2010
Asabiyyah, Comunidad Musulmana Andaluza. Presentación
Asabiyyah, Comunidad Musulmana Andaluza, toma su nombre de la palabra árabe asabiyyah (عصبية) -término que deriva de asab (nervio)-, y cuya traducción y síntesis más fiel en el contexto que nos ocupa sería "solidaridad tribal". Es en ese sentido de comunidad sobre el que basamos el principio y fin de Asabiyyah.
Como musulmanes, defendemos la hermandad que persigue el Islam. Damos esencial importancia al sentido de comunidad y a las relaciones humanas entre iguales que guarda la expresión asabiyyah. Rechazamos la burocracia estatal que corrompe a los individuos y a sus sociedades, y que de esta forma impide a los musulmanes permanecer en el din del Islam. Por ello, no nos sometemos a jerarquías ni sistemas inventados, no reconocemos ningún poder excepto el de Allah. Nos guiamos por nuestro sentido común, conforme a las enseñanzas de Al Qur'an Al Karim (el noble Corán), de sidna Muhammad rasulullah -la paz sea con él- y de todos los profetas.
Como andaluces, somos conscientes de nuestra historia como pueblo. No pretendemos retornar a un pasado, sino construir un presente donde poder desarrollar nuestras vidas conforme a nuestros principios. Asabiyyah está comprometida con la causa independentista andaluza, así como con el proceso de rescate y fomento de su identidad, y participará de forma activa en este cometido.
martes, 23 de noviembre de 2010
23 de noviembre de 1248
Bismillahi rahmani rahim.
El 23 de noviembre de 1248 (según el calendario gregoriano), 626 después de la Hégira, la medina de Sevilla cae en poder del reyezuelo Fernando III de Castilla y León. Se inicia así para nuestra ciudad y sus habitantes un proceso de oscurantismo del que aun no nos hemos recuperado.
La medina de Ishbiliya y las poblaciones de su alrededor más inmediato son las últimas plazas que conservaba el estado sevillano, constituido en república desde el declive del poder almohade a partir de 1212. El joven Abdul Hassan ibn Abu Ali fue designado por el consejo republicano para dirigir la defensa de Sevilla y sus últimas posesiones extra muros al inicio de la invasión castellanoleonesa. Hijo de Abu Ali, notable del consejo, Abdul Hassan no fue coronado rey en ningún momento como citan algunos cronistas cristianos -cuyo desconocimiento de la democracia o cualquier régimen parecido a ésta era absoluto-. Será el general sevillano y voz del consejo, Abdul Hassan, el encargado de rendir condicionalmente la ciudad y entregar las llaves al déspota Fernando III. Los sevillanos, tras más de dos años de guerra ininterrumpida y asedio, privados de víveres desde hacía meses y afectados de enfermedades, rinden así la ciudad a las hordas bárbaras.
Tras la rendición, el estado sevillano deja de existir. La efímera experiencia republicana ha durado sólo 36 años, en una taifa de más de dos siglos. El reyezuelo Fernando, con sus caudillos militares y líderes religiosos toman posesión de la medina -cuyos muros no pudieron traspasar hasta que la ciudad se rindió por hambre- el día 22 de diciembre, pocas semanas después de la capitulación. La Sevilla andalusí deja atrás su destacado pasado y su libertad.
Profanadas las principales mezquitas de la medina, y sustituidos los símbolos sevillanos por los de los invasores, el reyezuelo, sus súbditos y la Iglesia se reparten el botín. Las fuentes cristianas, en un miserable acto de falsificación, hablan del éxodo de la población sevillana -unos autores aseguran que fue voluntario, otros que fue obligatorio o que formaba parte de las condiciones de rendición- y de que la ciudad se quedó vacía. No es algo casual, veremos que las historias de destierro y repoblación se repiten en casi toda la crónica de la conquista cafre de Andalucía, como forma de romper el vínculo entre antepasados y descendientes, y fomentar así un origen fantástico de la población nativa. En el caso de Ishbiliya, pensar que una población de al menos varios miles de personas dejaran atrás sus hogares y se desplazaran sin un destino seguro repugna al intelecto. Aunque bárbaro, el reyezuelo Fernando III no estaba mal aconsejado, y de haber permitido el abandono de Sevilla por sus habitantes habría provocado un colapso logístico que contradice todo el esfuerzo bélico llevado a cabo y el sentido común. Simplemente, no había en los reinos cristianos de la península tantos hombres válidos para la administración y dirección de una ciudad tan importante como Sevilla.
El déspota Fernando III de Castilla y León muere en 1252 y su cuerpo es enterrado en el templo mayor de Sevilla, que hoy es catedral católica, según el bárbaro ritual de sus antepasados.
Cabe destacar que los habitantes de las comarcas adyacentes a la medina de Sevilla acudieron de forma leal a la defensa de la ciudad cuando Abdul Hassan les convocó en virtud de la asabiyya -a sabiendas de que tenían que enfrentarse a un enemigo superior en número y dejaban sus propiedades a merced del invasor-. La suerte de estas gentes no será mejor que la de los sevillanos de la urbe. Acabada la contienda, vuelven a sus tierras para convertirse en siervos de los caudillos militares y líderes religiosos, como así lo dispuso el reyezuelo Fernando III en el reparto del botín de guerra.
Este mercadeo de seres humanos, propio de los bárbaros y su régimen feudalista, que negaba a los hombres su libertad y el producto de su trabajo, chocaba de frente con los principios del din del islam -y hasta de la misma shahada-, por los que un hombre no tiene otro señor que Allah.
A esta situación de privación de libertad individual se une la persecución que los conquistadores hacen del idioma (árabe andalusí y romance aljamiado), de las costumbres y del islam. Todo esto desembocará en -las llamadas por los cronistas cristianos- "revueltas mudéjares", importantes rebeliones que tendrán lugar tanto en el campo como en las medinas, y se sucederán a lo largo de 1264 y 1266, con réplicas en el reino de Aragón que se prolongarán hasta 1300 aproximadamente. Hechos como estos niegan por sí mismos las teorías de repoblación y demuestran que los cronistas de la época no estaban coordinados bajo ningún control a la hora de escribir, pudiendo darse paradojas como ésta.
Sofocadas las rebeliones y reprimida la población, la ciudad de Sevilla inicia un declive en el que perderá paulatinamente su identidad. Usada como puerto al océano Atlántico, los bárbaros se lanzarán a piratear, sirviendo la ciudad de base para sus incursiones de saqueo y conquista en el norte de Africa y las islas Canarias.
Con el supuesto descubrimiento de un "nuevo mundo" en 1492, será Sevilla desde dónde se monopolice el expolio que los españoles harán en Abya Yala (las Américas), para nuestra vergüenza.
Las décadas se sucederán, y se convertirán en siglos. Los conflictos sociales no cesarán, irán incluso a más conforme nos acercamos a la actualidad, en una ciudad que sufre el régimen colonial español como toda población andaluza.
Hoy en día heredamos una ciudad que sufre una decadencia endémica; en la que las instituciones civiles (ya sea por desconocimiento o por mala fe) honran a los conquistadores de Sevilla; donde la Iglesia Católica, destacada benefactora de la toma, venera cada 23 de noviembre el cuerpo del déspota Fernando III, en un acto ridículo y grotesco a partes iguales.
Hoy, 23 de noviembre de 2010/16 de Dhu l-Hidjdja de 1431, los sevillanos deben conocer su historia tanto o más que cualquier otro día. La que hemos contado, y que tiene por sevillanos a los que defendieron las muros de la medina y sus descendientes, y no los extranjeros que osaron asaltarla y cuyas mentiras han corrompido la identidad de generaciones enteras.
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