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viernes, 27 de julio de 2012

Extractos de una carta del Imam 'Ali al Imam Hasan‏


¿Cómo podrías alcanzar un lazo más sólido que el que te une a Allah?

Vivifica tu corazón con los discursos, mortifícalo con la abstinencia; ilumínalo con la sabiduría; hazlo humilde con el pensamiento de la muerte; hazle reconocer la precariedad de la existencia; enséñale a ver las calamidades de la vida; ponlo en guardia contra los ataques de la fatalidad y los cambios detestables de la suerte.

Cuéntale los relatos de los antiguos, recuérdale las desgracias que golpearon a aquellos que te han precedido, paséate por sus moradas y sobre los vestigios de su historia, medita sobre lo que han hecho, sobre lo que han dejado, y sobre el lugar que han bajado. Encontrarás que han dejado a sus amigos y han vuelto a la mansión del exilio. Pronto, tú serás, por así decir, como uno de ellos. prepárate un refugio feliz y no vendas tu vida futura por tu vida inmediata. No hables de lo que no conoces, y no hagas discursos sobre aquello de lo que no se te ha encargado. Si temes que un camino te extravíe, no andes por él, puesto que si hay peligro de perderse, más vale de abstenerse que de explorar caminos peligrosos. Aconseja el bien y serás una persona de confianza. Reprueba el mal con tus actos y con tus palabras, y esfuérzate en apartarte de quien hace el mal.

Combate por Allah como se debe sin incurrir en ningún reproche en Su servicio. Mézclate a la lucha por el derecho, donde quiera que sea; ten un conocimiento profundo del Din; acostúmbrate a soportar las contrariedades, puesto que el tener aguante por una buena causa es una excelente cualidad. En toda cosa, busca el refugio en Allah, encontrarás una caverna bien guardada y un poderoso protector. No pidas sino a tu Señor, porque es a Él a quien le pertenece el dar o el negar.

Que sepas que no hay ningún bien en un conocimiento sin provecho, y que no se saca ningún provecho de un conocimiento cuya adquisición no es necesaria.

sábado, 21 de julio de 2012

jueves, 12 de julio de 2012

viernes, 29 de junio de 2012

El Guerrero

El Guerrero es aquel que toma parte activa en la Lucha tanto con sus propiedades como con su alma
pensando solo en Allah, Señor de los Mundos, y que es capaz de comprender el milagro de la vida y de
luchar hasta el final por aquello en lo que cree…Un Guerrero desea ardientemente recibir la recompensa
de Allah por su cumplimiento en la Lucha, que es el deber más importante para todo musulmán.
Allah (s.t.) dice: “…luchad duramente en la senda de Allah con vuestras propiedades y con vuestras
personas; esto es lo mejor para vosotros, y vosotros sois conocedores.”

El Profeta (s.a.s.) dijo: “Un Guerrero es aquel que lucha contra sus pasiones” (At-Tirmidi y Ahmad).

Un Guerrero se aferra al Tawhid (Unidad y Unicidad de Allah) y renuncia a la idolatría,
Se aferra a la Verdad y renuncia a las mentiras,
Se aferra a la justicia y renuncia a la injusticia y la opresión,
Se aferra a la honestidad y renuncia a la traición,
Se aferra a la fidelidad y renuncia a la astucia,
Obedece a sus padres y renuncia a desobedecerles,
Mantiene los vínculos con los amigos y parientes y no rompe con ellos,
Mantiene buenas relaciones de vecindad y no causa daño a sus vecinos,
Un Guerrero siempre usa los buenos modales y rechaza la villanía.
Un Guerrero mira atentamente a los ojos de un niño, pues ellos son los únicos capaces de ver el
mundo sin sombras. Si un Guerrero quiere saber si alguien es digno de confianza, trata de mirarlo con los
ojos de un niño.

Pero jamás pierde de vista las cosas duraderas, y los lazos creados con solidez a través del tiempo.
Un Guerrero sabe distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo.
Todo Guerrero ya tuvo alguna vez miedo antes de entrar en combate.
Todo Guerrero ya traicionó y mintió en el pasado.
Todo Guerrero ya recorrió un camino que no le pertenecía.
Todo Guerrero ya sufrió por cosas sin importancia.
Todo Guerrero tiene que llegar a la conclusión de que no era un Guerrero.
Todo Guerrero ya falló en sus obligaciones espirituales.
Todo Guerrero ya dijo “sí” cuando quería decir “no”.
Todo Guerrero ya hirió a alguien a quien amaba.

Por todo ello, tiene el derecho de ser llamado un Guerrero, un Guerrero, porque atravesó todo lo
anterior y no ha perdido la esperanza de ser mejor de lo que antes era.
Un Guerrero sabe que los enemigos existen para probar su Iman (la certeza del Corazón en el Islam),
su coraje, su perseverancia, su habilidad para tomar decisiones y su paciencia. Los enemigos están
haciendo que él cumpla su papel y su deber ante Allah Todopoderoso.


El libro del guerrero
Por Abdullah Shamil Abu Idris
(Shamil Basayev)


viernes, 8 de junio de 2012

En el Islam...

El Islam apoya firmemente la lógica, el argumento racional y el libre pensamiento. La imposición de ideas y creencias y la supresión de voces no existen en el Islam.

No hay coacción en el din. La rectitud ha sido diferenciada del error.
2:256

En el Islam la investigación de las bases de la creencia es un deber para cada individuo y es la obligación de todos de no comprometerse en nada sin convencimiento previo. 

El Islam reprende a aquellos que siguen ciegamente las creencias de sus padres y antepasados, ordenando investigación propia y examen profundo.  El Islam rechaza el fanatismo imbécil y la mera teoría, incitando a adquirir certeza a través del conocimiento y la experiencia.

Y no persigas aquello que no conoces; el oído, la vista y el corazón deben ser cuestionados.
17:36

El Islam concede a sus oponentes el derecho a la crítica en razonable discusión, enumerando sus constataciones y escuchando sus respuestas.

Di: presenta tus pruebas, si hablas la verdad.
2:111


El Islam da gran valor al hecho de pensar, animando al ser humano a hacer uso de su intelecto pensando sobre la creación, el tiempo, la noche y el día, el firmamento, la tierra, la vida, el hombre, el universo y todo lo que hay en él.

En verdad en la creación de los cielos y la tierra y en el cambio del día a la noche, y en la nave que surca el mar para beneficio del ser humano, y en el agua que Allah envía desde los cielos reviviendo a la tierra exhausta, y en la dispersión de seres vivos por la tierra, y en los ciclo de los vientos y nubes entre el firmamento y la tierra. Verdaderamente estos son signos para la gente que tiene entendimiento.
2:164

También se nos exige inquirir en las costumbres de las generaciones ya muertas, en sus ideas y en las causas que les hicieron progresar o decaer, así podremos evitar cometer algunos de los errores que hicieron.

Varias fundaciones han pasado antes de vosotros; recorre la tierra y contempla cual fue el ocaso de aquellos que pregonaron la mentira. Este es un manifiesto para la humanidad y una guía.
3:136/137

En resumen, el Islam proclama que el ser humano debe hacer uso de su intelecto profunda y libremente, viajando sobre los enigmáticos horizontes del pensamiento y el saber, seleccionando lo necesario para hacer lo mejor de sí mismo.

Por esta razón el Islam aprecia los avances científicos y los descubrimientos que benefician a la humanidad. Este hecho hizo que científicos y filósofos de gran calibre surgieran, contribuyendo a alumbrar la senda del desarrollo cultural humano, hasta el punto que sus nombres quedaran grabados para siempre en las páginas de la historia de la ciencia universal.


EDITADO POR LA ORGANIZACIÓN MEDITERRÁNEA
DE PROPAGANDA Y DIFUSIÓN ISLAMOREVOLUCIONARIA

lunes, 21 de mayo de 2012

Esfuerzo, lucha



La palabra yihad significa esfuerzo, lucha, y es el fundamento mismo del Islam. Es el cimiento donde se asienta todo el Din. Al contrario de la mentalidad imperante que entiende la religión en términos de paz espiritual, el Islam propone la acción como vía hacia la realización de los valores a los que aspira.

El mito de la paz espiritual tiene su historia. Cuando Gandhi predica su credo de la no-violencia introduce en Occidente el ideal de la religiosidad oriental basada en un concepto pasivo de renuncia a todo lo mundanal. Esto sirve, sin lugar a dudas, a los objetivos del Imperialismo. Algo parecido ya había sido ensayado durante siglos por la propia Iglesia cristiana, pero sin convicción ninguna, debido a su propia historia. Se intentó convencer de lo mismo a los musulmanes insistiendo sobre su proverbial fatalismo, tan conveniente en momentos en los que eran sometidos a toda suerte de humillaciones. Se lleva al paroxismo del mito la figura de Gandhi: gracias a su política de no-acción y no-violencia, habría logrado la independencia de su país, liberándolo de la dominación británica de la India hasta agotarla. Pero le interesaba más a las autoridades coloniales entregar el país a un ‘pacifista’, asegurándose de este modo la lealtad y obediencia de la ex-colonia. Lo mismo se haría en todos los territorios, prácticamente todo el mundo ocupado por los europeos. El mito convenció fundamentalmente a los propios occidentales, que empezaron a mirar con admiración hacia un Oriente ancestral donde aún funcionaba la práctica de ofrecer la otra mejilla al enemigo.

El Islam era otra cosa: oponía una resistencia enconada a la ocupación de sus tierras. Ahí donde había musulmanes, el colonialismo conquistaba cada palmo de tierra a base de fuego y sangre, incluso una vez “pacificado” el país, los colonos debían estar permanentemente en alerta. No podían reconocer el origen de ese espíritu de lucha con el que los indígenas defendían decididamente sus casas y familias, eran incapaces de comprender qué mecanismos se ponían en marcha aglutinando a pueblos enteros más allá de estructuras burocráticas y estados. Faltos de explicaciones, se justificaron recurriendo al tópico oportuno del sanguinario fanatismo musulmán. Este “análisis” conoció un inmediato triunfo, y legiones de expertos se pusieron a estudiar el fenómeno. Era necesario descubrir las fuentes del problema para atajarlo. Era imprescindible desprestigiar el Islam ante cierto auditorio occidental que empezaba a criticar los genocidios que se perpetraban en nombre de la civilización. El mito de la barbarie musulmana servía a todas las causas: justificaba el fracaso de los misioneros, que no lograban evangelizar a los ‘testarudos moros’; justificaba las masacres de los militares, que no hacían sino defenderse de tribus salvajes que se negaban a ser pacificadas y recibir los dones de la civilización mundial; tranquilizaba las conciencias en Europa, sobre todo la de sus banqueros… Y había que desacreditar el Islam ante los propios musulmanes, había que desarraigarlos para hacerlos inofensivos. Se insistió hasta la saciedad en lo del fanatismo, y toda la historia del Islam fue interpretada bajo la luz de esa clave.

Había que explicar, entre otras cosas, como había podido difundirse el Islam entre pueblos tan distintos. Solo la sed de sangre, connatural al Islam, arrastrando en pos de si a naciones bárbaras deseosas de botín, pudo reclutar a ejércitos con los que conquistar el mundo. El triunfo se debió a la crueldad, el asesinato y la humillación. Los vencidos se hacían musulmanes bajo terribles presiones o para librarse del pago de impuestos. Es suficiente leer cualquier manual de uso en las escuelas para descubrir la pervivencia de esas tonterías. En estas creencias hemos sido educados. El Islam es sinónimo de “guerra santa”…

Lo que sucede en realidad, lo que está en el trasfondo de todo es que la incomprensión y el interés funcionan creando mentiras a las que aferrarse. El yihad, interpretado según los modelos asumidos como propios de la espiritualidad, es frontalmente combatido. A los musulmanes, cuando se defienden, se les acusa de agresividad, terrorismo y violencia, y como el Islam les ha inculcado esa necesidad imperiosa de rechazar las imposiciones, es el responsable directo del fanatismo que impide a los nativos absorber la única civilización posible, Occidente. Hay tanta hipocresía en esto que es difícil analizarlo con sangre fría: ¿cómo aceptar sin más los crímenes que se han cometido tras el escaparate de la bondad europea? Se ha masacrado a pueblos y después se ha dicho, claro, que eran unos salvajes.

El yihad es la respuesta del Islam a todo intento de someter a los musulmanes a cualquier esclavitud. Es el esfuerzo individual y colectivo que debe emprenderse contra las agresiones. El Islam entiende que la vida y la dignidad están por encima de todo, y deben ser defendidas como causa que se antepone a todos los intereses. El yihad tiene un valor supremo: cuando un musulmán lucha por su tierra, está luchando por Allah (swt); cuando combate por su gente, está haciendo un ‘préstamo’ a Allah que se lo devolverá con creces. El Islam es radicalmente solidario y hace suya la causa de todos los oprimidos: la injusticia es enemiga del Din, cualquiera que sea su forma. El tirano es el verdadero tagut, el ídolo a combatir, el demonio contra el que se ejerce el exorcismo del yihad. Esto, que puede parecer ideal, es una constante en la historia del Islam.

Los musulmanes aspiramos al salam, a la paz que es esencia del Islam. El salam no es la propuesta de un pacifismo hipócrita. El pacifismo que predica Occidente, por sanas que sean las intenciones de la gente normal, es todo menos un verdadero deseo de dialogo entre las culturas; es un arma arrojadiza con la que se exige a los pueblos del ‘tercer mundo’ la más absoluta de las sumisiones. En la actualidad, el Islam sufre los ataques de enemigos emboscados en muchos frentes: el peor es el de los Estados surgidos tras las independencias formales, estados concebidos para ejercer el mismo papel coercitivo contra los pueblos y servir a intereses extranjeros. El Islam estará siempre fuera de los mecanismos que Occidente invente para dominar a los seres humanos. Eso es lo que le es connatural, y por ello el yihad formará parte del entresijo más íntimo de los musulmanes. Esa rebeldía brota de modo natural de la idea clara de que Allah es Uno y solo Él es el Señor de los Mundos. La esclavitud, la indignidad, son contrarios a la aspiración del que sabe que solo Allah es el más Grande. El Islam enseña un igualitarismo que se basa en una concepción de la existencia y no en un discurso demagógico.

No sin razón, se ha afirmado que los musulmanes somos radicalmente tolerantes hasta la ingenuidad. El islam siempre ha sido un Din abierto, pronta a recibir las aportaciones de la humanidad entera. Esta actitud está fuertemente enraizada en la personalidad de cada pueblo musulmán. Es suficiente con pasear por un zoco para detectar esta realidad. El Islam, ya lo hemos repetido, es un lugar de encuentros, no una religión ni un dogma; es una aspiración expresada por el Korán mismo que invita a las gentes a hermanarse en lo que les es común, la libertad en Allah. Esa libertad tiene su garante en el yihad, entendido como esfuerzo por superar las barreras que constriñen al ser humano. Por ello, es multiforme. Muhammad (sas) hablaba de los dos combates que debe emprender cada musulmán. A uno lo llamaba yihad menor en dificultad, que consiste en luchar contra los ídolos, las falsedades que reducen al ser humano a la miseria. Al otro lo llamaba yihad mayor en dificultad, que es el afán por superarse, la conquista de la libertad en lo más íntimo de la propia personalidad. Y también enseñaba que esas luchas no tienen techo, que siempre habría alguna mentira que derribar, porque lo radicalmente humano es la acción, la vida como movimiento continuo, el trasiego como finalidad en sí mismo, el trabajo como satisfacción en el que el ser humano trasciende todos los límites y se alza sobre todos los muros y divisa el espacio infinito del que lo ha creado y del que ha brotado.


“Acerca del islam”, por Hisham Arquero.

viernes, 11 de mayo de 2012

No importa lo que lleves puesto mientras no imites servilmente.

A personas como yo, a veces se las enfrenta con preguntas con la intención de ridiculizarlas y hablar con desprecio de nosotros: ¿Qué dice el Islam acerca de comer estando de pie?, ¿Qué dice de comer con cubiertos?, ¿Se prohíbe ponerse sombrero?, ¿Se obliga a vestirse y/o comportarse como un árabe?, ¿Está prohibido hablar una lengua extranjera?

En respuesta a estas cuestiones digo que el Islam no da reglas fijas y rigurosas al respecto. El Islam no establece si los alimentos deben ser tomados con las manos o cubiertos. El Islam, sin embargo, aconseja que se mantenga el aseo. Respecto a zapatos, ropas, y sombreros, el Islam no especifica ningún uso o estilo en particular. A los ojos del Islam los idiomas son buenos todos por igual. Y todos los pueblos deben preocuparse por desarrollar su cultura e identidad.

De todos modos, el Islam dice algo más: se prohíbe destruir intencionadamente una forma particular de cultura. Se prohíbe ser intimidado por otros. Se prohíbe imitar ciegamente. Se prohíbe ser absorbido y deglutido por otros. Se prohíbe ser hechizado por otros, como un pequeño animal hipnotizado por una serpiente. Se prohíbe absorber las desgracias y aberraciones de otros en nombre de “moverse con los tiempos”. Se prohíbe ser colonizado. Se prohíbe creer que un andaluz debe volverse español/europeo/americano física, espiritual, interna y externamente.


Morteza Motahari,
traducción libre por Fatima at Turdetaniyya

viernes, 13 de abril de 2012

Desmitificando las raíces. Ejemplos de explotación de clase en la Andalucía de mayoría musulmana (siglos VIII-XV del CC*)

*Calendario Cristiano

Bismilahi rahmani rahim."No es oro todo lo que reluce" es un adagio que muy bien podría haber titulado o subtitulado este texto de opinión y reflexión, y es que desde hace tiempo -demasiado-, muchos sectores que han examinado y buscado contribuir en la Historiografía de Andalucía y su Pueblo han destacado sin reparos los grandes avances, logros y mejoras de la Civilización Andaluza que conoció el mundo entre los siglos VIII y XV -mal llamada andalusí-, pero han olvidado muy a menudo una parte principal, origen en muchos casos de tal esplendor: los trabajadores; hombres y mujeres obligados a vender o ceder su fuerza, su destreza y su tiempo, o lo que es lo mismo, su vida, a cambio de un jornal.

Llegados a éste punto, y en referencia al título, paso a compartir en extracto algunos pasajes del Kitab al Filaha, o Tratado de Agricultura, compilación sobre temas agrícolas de la Andalucía de mayoría musulmana, y en las que se pone en evidencia el trato que los "hacendados" (propietarios) dan a los trabajadores del campo, desde su dirección o a través de manijeros. Dicen así:

"Cuando el propietario regenta sus bienes […] debe ser […].., práctico, autoritario con los jornaleros,…"

"No les trata con excesiva benevolencia [el hacendado/propietario], imparte pronta justicia en sus asuntos y necesidades, les concede tiempo [a los jornaleros], observa su trabajo y les castiga si no hacen nada en su ausencia;"

"Escucha [el hacendado/propietario] solamente las palabras de quien considera los comprende,…"

"Tras la labor mal efectuada, habrá de incorporarse [de nuevo a la labor] alguien que se presente como un trabajador infatigable que pueda reparar el daño."

Tales consejos, de carácter cercano a lo maquiavélico, nos recuerdan a tiempos en los que el hombre podía ser propiedad de otro hombre en su forma más radical: la servidumbre o la esclavitud, antiguamente generalizadas. Vemos también como se castiga la supuesta holgazanería y se premia la actitud servil, algo muy propio en una conducta autoritaria, todo ello en un contexto en el cual la mayoría de la población era musulmana, desde las clases populares hasta las clases dominantes.

No es nuevo comprobar que formas de opresión de clase, principalmente feudalistas o cercanas a éste, y la propia esclavitud, existían en esa Andalucía de mayoría musulmana y el resto de la Ummah, aunque de forma no sistemática como en los reinos cristianos, si en zonas de frontera con éstos o en núcleos concretos repartidos por la geografía andaluza e islámica en relación a su situación socio-económica. Tras la conquista de nuestro país por parte de las coronas cristianas peninsulares en colaboración con la Iglesia Católica, el sistema feudal se generalizará -junto con la esclavitud- hasta devenir en la forma capitalista actual.

El Kitab al Filaha nos ha enseñado sólo algunos indicios, pero hay muchas más pistas aparte de unas severas sugerencias a la hora de dirigir una cuadrilla de jornaleros ¡el problema de la propiedad de la tierra en Andalucía no comenzó con aquella conquista! Sólo se agravó hasta hacerse estructural; comenzó mucho antes de que los felah mengus, los campesinos sin tierra de los que hablara Blas Infante, pasearan su hambre por este país conquistado. Probablemente si investigamos sólo un poco nos encontraremos con más evidencias, que nos llevarán aun más atrás en el tiempo…

El que alza el látigo contra sus semejantes no tiene lugar en la Ummah


Como trabajador andaluz he querido intervenir en lo que me parece un vacío en nuestra Historia como Pueblo, antiguamente libre, y señalar que la opulencia que a menudo se destaca no es sino un signo que evidencia una desigualdad, las más de las veces.

Insisto ahora en mi condición de musulmán en señalar a aquellos que desde mi país o tierras lejanas, incluida la Ummah, fomentan lo superficial de la materia y quienes ven en ella la cúspide de la obra de los seguidores del Corán, de Muhammad Rasulullah -la paz sea con él- y de todos los profetas. Nunca deberíamos olvidar que la primera mezquita tenía las paredes de adobe y un techo de hojas de palmera, y que cambiar ese barro por mármol y ese forraje por metal quizá no nos acerque más a nuestra meta.

"Los que se benefician de la ribâ* se levantarán como si el Shaytan los hubiera enloquecido con su toque. Pues ellos dicen: "Ciertamente, el mercado es igual que la ribâ". Pero Allah ha permitido el mercado y ha prohíbido la ribâ.
 
Corán, Sura Al Baqara (Azora de La Vaca), Aya 275

*Ribâ es traducido habitualmente como "usura".


¡Que la paz sea con todos este al-yumua 21 de yumada al-awal!







Iskander el Islam para Asabiyyah CMA

viernes, 6 de abril de 2012

Entrada de al-yumua 06/04/2012 - 14/05/1433



[…]...ahora bien, el buen destino de cada criatura procede de aquella palabra KUN -sea!-, de cuanto sepa cada uno sobre la forma de sus letras y de cuanto vea de los secretos que hay en ella.

Esto queda indicado por las palabras de Sidna Muhammad (SAS):

Allah creó sus criaturas en la Oscuridad y luego las salpico con Su Luz, de modo que el guió a quien fue iluminado con aquella luz, pero aquel a quien la luz no alcanzó, fue engañado y extraviado.

Uno ve la Kaf de perfección KAMAL y la Nun de NUR, mientras otro ve la Kaf de KUFAR y la Nun de NAR.
Y cada uno vuelve al punto del circulo de KUN de acuerdo a lo que haya visto.


إِنَّمَا قَوْلُنَا لِشَيْءٍ إِذَا أَرَدْنَاهُ أَن نَّقُولَ لَهُ كُن فَيَكُونُ

...por cierto que cuando deseamos algo decimos sea! Y es.


Al Qur'an al Karim 16:40


viernes, 2 de marzo de 2012

Sazeman-e Muyahedin-e Jalq


El método utilizado por nuestra organización para practicar el tafsir del qur'an al karim y la tradición es cualitativamente distinto del de los musulmanes tradicionales.

Hemos desarrollado un metodo realista científico que nos permite captar la esencia real de los textos (...) Para nosotros, estos textos no son ordenes estáticas y dogmáticas, sino mas bien unas guias y una inspiración para un cambio dinámico y una acción revolucionaria.

Por desgracia, los musulmanes tradicionales han tratado estos textos como dogmas secos, tranquilizantes para la opinión, o revelaciones sobre la ciencia y técnica. De este modo han rechazado a los intelectuales progresistas y abiertos a las ciencias, al análisis temporal y contextual. (...)

En realidad, estos religiosos inmovilistas han hecho con el islam exactamente lo mismo que Lenin, en 'El estado y la revolución', dice que los revisionistas hacen con Marx: transformar sus ideas radicales en trivialidades inofensivas, coronarlo con una aureola, castrar la esencia real de su mensaje revolucionario.

domingo, 9 de octubre de 2011

Escucha hermano, asi fue como sucedió... ('Ali Shari'ati)

Había escrito algunas notas sobre las cuales les hablaría esta noche, notas a modo de conclusión, relativas a las cosas que les había conversado en noches pasadas. Pero las palabras de nuestro amigo Parviz Khorsandi, de quien puedo añadir con toda certeza que es el escritor de prosa de mayor fuerza que actualmente sirve a nuestra causa, cambiaron completamente lo que ansiaba decirles, desviaron mis sentimientos y la dirección de mi pensamiento. Sentí que debía comunicarles sobre la reminiscencia que tuve y le mencioné a él.

Si hablo por mí mismo es porque deseo contarles ese recuerdo, un recuerdo relacionado conmigo, con los de mi clase en este mundo, con mi sociedad, mi ciudad y mi historia. Por una parte estoy asociado con los grupos cultos de hoy y ustedes saben cómo piensan, qué actitud tienen frente a la religión, que metas persiguen y qué idioma y cultura ostentan. Por la otra, provengo de un área, una tierra, un desierto, de un lugar casi deshabitado, donde no hay felicidad ni prosperidad. La vida solamente es aridez y pobreza, colmada de dificultades. Por la sangre de mis antepasados no corre una gota de nobleza, si es que la consideramos como algo medible en términos de oro, de plata y de poder; mi punto de vista sobre la clase y la sangre no es ése. Se que mis antepasados, mis padres, generación tras generación, desde edades que se pierden en el horizonte de la historia, nacieron en la pobreza y vivieron con tribulaciones y privaciones.

Poseedor de estas particulares características trabajo en el estudio de la civilización. Conozco su continuidad y pensaba que las grandes culturas, con sus obras, constituían el mayor honor del genio de la humanidad. En cualquier país o ciudad por mí visitados buscaba inmediatamente los grandes monumentos de la civilización anterior, y así podía saber, ver y oír, que efectos había producido esa tribu o grupo humano con sus creaciones y qué había aportado a la posteridad.

En Grecia, estuve en el Templo de Delfos. Me sentí sobrecogido por la grandeza de las edificaciones y por la belleza y esplendor de aquella obra. En Roma, visité el Museo de Arte y Arquitectura: vi enormes templos llenos de gloria y magníficos castillos del Lejano Oriente, de China, de Camboya y Viet Nam. Hay grandes montañas esculpidas por las manos del hombre. Él ha usado sus ojos y sus nervios para convertirlas en templos para los dioses y para los representantes de éstos en la tierra, los sacerdotes de las religiones. Estas cosas, en mi modo de pensar, eran la mayor y más amada herencia de la humanidad.

Sucedió, este año cuando viajé al Africa a conocer las tres pirámides de Egipto. Repentinamente todos mis sentimientos brotaron. Me apresuré a visitar las admirables pirámides sintiendo que realizaba un peregrinaje por las prodigiosas ruinas de una de las siete maravillas del mundo; estaba pleno de alegría por disponer de tal oportunidad. Busqué un guía que me pudiera explicar la razón de las formas de las pirámides, su historia, su maravilla, belleza y secretos.

Esclavos cargaron ochocientos millones de peñas de Aswan (el sitio donde luego se construyó la famosa represa) hasta El Cairo. Elevaron nueve pirámides, seis de las cuales son pequeñas, y las otras tres, grandes y mundialmente conocidas.

Transportaron ochocientos millones de rocas desde una distancia de novecientos ochenta kilómetros. Colocaron una sobre otra y levantaron un monumento para que los cuerpos momificados del Faraón y de la Reina fueran enterrados en su interior.
La cámara funeraria propiamente dicha, que es muy grande, está construída solamente con cinco bloques de piedra. Cuatro de ellos constituyen las paredes y una el techo. Para concebir el volumen y el peso de la roca que forma el techo, es necesario saber que está hecha de un bloque de mármol sobre el que están colocados varios millones de grandes peñas extendidas hasta el vértice de la pirámide. El techo ha soportado este peso durante cinco mil años. Quedé maravillado por la monumentalidad de lo que surgía ante mis ojos. A trescientos o cuatrocientos metros de la pirámide había algunas piedras que parecían haber caído en desorden las unas sobre las otras.

Le pregunté al guía qué significaba aquello. Me contestó: "Nada. Son solamente piedras" Le insistí me informara el por qué estaban allí. Él dijo que eran criptas cavadas a lo largo de varios kilómetros bajo tierra. Le interrogué: ¿Por qué? El dijo: "Treinta mil esclavos trabajaron durante treinta años acarreando estas inmensas rocas sobre sus espaldas a través de distancias de más de mil kilómetos.

Morían a montones a causa del peso. Diariamente se le reportaba al Faraón la muerte de cientos de personas." Sí, pensé para mí, el sistema de la esclavitud, como dice Schwartz, no permitió la invención de la palanca ni de la rueda. El guía continuó: "Lanzaban los esclavos a un hueco enorme, los enterraban y ponían a otros a trabajar en su lugar".

Le dije: "me gustaría verlos, a los miles de esclavos aniquilados y ya convertidos en polvo". Y me contestó: "No hay nada que ver allí. Las piedras han caído las unas sobre las otras, y sobre las criptas de miles de esclavos quienes, bajo las órdenes del Faraón, fueron enterrados cerca de él. Como habían trabajado para él en esta vida, seguirían haciéndolo después de muertos, aunque esta vez en espíritu".

Le dije al guía: "Por favor, déjeme solo, no necesito de su compañía. Iré solo". Fui a sentarme cerca de las tumbas y sentí una relación familiar, muy próxima entre mi persona y aquellos que dormían en ellas. Ambos somos de la misma raza.
Es cierto que yo soy de un país y ellos de otro. Soy de una raza y ellos de otra, pero estas son divisiones crueles para separar a los seres humanos, de manera que familiares se vuelvan extraños y extraños se conviertan en parientes.

Aparte de estas divisiones, sentí que pertenecía a su raza, jerarquía y familia, y que padecía sus sufrimientos. Cuando, ahora, volví la mirada hacia las grandes pirámides, me hallé totalmente extraño a su grandeza, gloria y majestad. Pero no, siento odio hacia su grandeza, arte y civilización. Todos los grandes monumentos que las civilizaciones han levantado a lo largo de la historia han sido edificados sobre los huesos de mis antepasados. Mis antepasados, esclavos también, construyeron la Gran Muralla de China, y aquellos que no pudieron soportar el peso de las piedras fueron aplastados por ellas, y así formaron parte de la Gran Muralla. La Muralla de China y todas las murallas y monumentos y grandes ruinas de las civilizaciones, fueron fabricadas de la misma manera, con grandes piedras levantadas sobre la carne y la sangre de mis antepasados.

Sentí odio y rabia. Observé que la civilización es una maldición. Es el resultado de miles de años de opresión y esclavitud. Me senté entre el grupo de tumbas y sentí que todos los que estaban durmiendo en ellas eran mis hermanos.

Regresé a mi alojamiento y le escribí una carta a uno de mis innumerables hermanos esclavos. Retrocedí en el tiempo cinco mil años. Le expliqué todo lo que había sucedido en cinco mil años, después de su muerte; en los que, esclavos y esclavitud, habían continuado existiendo bajo formas variadas.


Escribí:

Hermano, tú nos has dejado; pero nosotros hemos seguido construyendo grandes civilizaciones, ejemplos de grandes victorias, para los que ostentan grandes honores. Ellos han invadido nuestras aldeas y pueblos. Nos han capturado y nos han utilizado como animales de carga, obligándonos a construir sus tumbas. Si nuestra resistencia llegó a flaquear, nos usaron como piedras del edificio. Pero si completamos la edificación, el honor de la obra recayó sobre el nombre de otro y ni el recuerdo del nombre quedó para nosotros.

A veces nos llevaron a la guerra, guerra contra personas que ni siquiera conocíamos. Blandimos nuestras espadas contra alguien a quien no odiábamos, gentes que habían nacido como nosotros, de la misma clase y con el mismo destino. Nos llevaron ante los ojos de nuestros envejecidos y agobiados padres que nos esperaban. Sus aspiraciones sobre nosotros nunca se vieron realizadas. Estas guerras, como lo ha dicho un erudito, eran entre dos grupos que no se conocían, para personas que no luchaban, pero que sí se conocían. Nos tomaron a nosotros, fuimos destruidos y masacrados. Si éramos derrotados, nuestros padres y madres sobrellevarían nuestro dolor y nuestra muerte, la destrucción de nuestras aldeas y la destrucción de nuestros campos. Si salíamos victoriosos, el poder y la gloria serían de otro y nunca compartiríamos su victoria ni su botín.

¡Si, hermano!, después de tí muchos cambios tuvieron lugar. Grandes y poderosos Faraones de la historia torcieron el rumbo del pensamiento. Fuimos felices. Ellos creían que sus espíritus eran eternos y que vagaban alrededor de las tumbas, y que si sus cuerpos permanecían intactos, el espíritu mantenía contacto con el cuerpo, y siguiendo esta creencia nos obligaron a ti y a mi a realizar sus grandes tumbas y hacer de ellos unos asesinos.

Después se convirtieron en intelectuales y no pensaron más sobre la muerte. Se liberaron de las antiguas ideas. Supimos de grandes noticias. Quedamos libres de edificar tumbas y de cargar ochocientos millones de rocas desde una distancia de mil kilómetros para apilarlas las unas sobre las otras.

Pero hermano, escucha. Esta fue solamente una felicidad pasajera, del momento. Después de tu partida atacaron nuestras aldeas y nos hicieron esclavos nuevamente. Una vez más nuestros hombros y espaldas soportaron el peso de grandes piedras y columnas. Pero esta vez no para sus tumbas, a las cuales no les daban importancia, sino para sus palacios. Grandes palacios fueron construídos con nuestros huesos y nuestra sangre. Fueron edificados para erguirse orgullosos sobre la tierra, y a su lado se levantaron la tumbas de otra de nuestras generaciones.

Hermano, en el momento en que una esperanza nos dejaba, otra se abría paso entre nosotros. Los grandes profetas arios se levantaron, además de los profetas de raza amarilla. El gran Zoroastro, Mani, Buda, el sabio Confucio y el profundo Lao Tse. Se abrió una ventana hacia nuestra salvación. Dios había armado a sus mensajeros para liberarnos del sufrimiento y de la esclavitud, para que la fe y el culto reemplazaran la opresión y el servilismo.

Ahora, hermano, escúchame. Esos mensajeros escogidos bajarían del lugar sagrado de sus votos, y sin tomarnos en cuenta, sin mencionar nuestros nombres ni acordarse de nosotros, se instalarían en los palacios.

Creímos en Confucio que habló tanto de la sociedad y de humanidad. Vimos como se acercó al Ministro y fue el compañero de la princesa de China.

Y Buda, él mismo un gran príncipe, se separó de todos nosotros a través de retiros y ascetismo, buscando su ser interior, el "nirvana" - nosotros no sabemos donde está ese lugar- y creó grandes pensamientos.

Zoroastro fue profeta en Azerbaijan. Le dio la espalda a nuestros lacerados cuerpos y a nuestro lamento, de miles de años, vertido sobre las tumbas de nuestros hermanos esclavos. Se dirigió a Balk y se separó de nosotros en las comodidades del palacio de Gushtasb.

Mani habló de la luz y combatió la oscuridad. Susurró palabras de luz en los oídos de los prisioneros oprimidos. Y nosotros dijimos: "Y es él quien habla de salvarnos". Pero recogió sus palabras de luz y le entregó el pergamino a Shapur, el sasánida. Escribió una elegía a su coronación. Su mayor honor fue que visitó Sarandib, Balk y la India, formando parte del séquito de Shapur. Y luego nos desilusionó con estas palabras: "Todo el que es derrotado pertenece a la esencia de la oscuridad y todo el que sale victorioso pertenece a la escuela de la luz". ¿No es cierto que a través de la historia nosotros hemos sido derrotados?

¡Escucha hermano! Ustedes fueron los sacrificados de los grandes monumentos funerarios y yo lo fui por el esplendor de los grandes palacios. Repentinamente me dí cuenta que, junto a los Faraones y Reyes que nos hicieron esclavos, había otros que eran los sucesores de los profetas y de los líderes religiosos oficiales.
De Palestina a Irán, de Egipto a la China, en cualquiera de estas civilizaciones fuimos obligados a cargar piedras para construir pirámides, grandes palacios o gloriosos templos. Luego servimos a los profetas y a sus herederos. Ellos ataron nuestras manos de otra forma, y en el nombre de la religión nos designaron. Nos hicieron luchar en el nombre de la guerra santa, por la religión. Fuimos enviados a otros campos de batalla; estuvimos donde quiera que ellos quisieron enviarnos. Nos obligaron al sacrificio de nuestros hijos ante sus deidades, ante sus ídolos, ante los altares de sus templos.

¿No sabes, hermano, que en todos los templos reina el olor de la sangre de nuestros hijos inocentes? Pasamos miles de años sufriendo situaciones peores de las que tú sufriste. Construímos tumbas, palacios y catedrales. Las deidades junto con los Faraones, Reyes y sus representantes, cayeron sobre nuestras vidas. Tres quintos de toda la herencia y riqueza del Irán nos fueron sustraídos en el nombre de los Sacerdotes Magi y de Aura Mazda. Para ellos éramos campesinos y esclavos. Los sacerdotes de Dios se apropiaron de cuatro quintos de toda la superficie cultivable del país.

Trabajamos sin retribución alguna para los templos, y edificamos todos los grandes palacios de Roma y de la China, y perecimos en el proceso.
Pero yo, que he vivido miles de años después que tú y he visto la muerte de todos nuestros hermanos y de nuestra generación, sentí que los dioses también estaban iracundos contra los esclavos y que la esclavitud está basada en diferentes leyes. Los sacerdotes y los hombres religiosos son otro instrumento para fortalecer los palacios, las tumbas y para justificar el sistema.

Por lo tanto, como dicen los eruditos, hombres como Aristóteles, que piensan y entienden mejor que nosotros: "Algunos han sido creados para la esclavitud y otros para ser señores". Me convencí que nosotros habíamos sido creados para ser esclavos y edificar monumentos y que ése era nuestro destino. Nuestro destino era levantar grandes pesos, ser oprimidos y flagelados, y nada más fuera de estas tres cosas.
Pero entonces, hermano, me llegaron noticias que un hombre llamado Muhammad (s.a.s.) había bajado de una montaña y había gritado a las puertas del un templo: "Yo he venido de allah". Temblé ante el temor de que esto no fuera más que una nueva forma de decepción, una nueva opresión, y cuando él empezó a expresar sus ideas, no le creí. "Yo he venido de allah. Allah ha querido que todos los esclavos y gente pobre sean ayudados para que hereden la tierra".

Me sentí maravillado. Cómo es posible que Dios hable a los esclavos, a los pobres y les prometa salvación, el liderazgo y la herencia de la tierra: no podía creerlo. Y me dije: "Es un príncipe como los otros profetas del Irán, de la China y de la India, quienes han sido llamados a profetizar para crear una nueva fuerza con la ayuda de alguien poderoso". Pero me contestaron: "No. Es un huérfano. Sabemos que es un pastor. Sus ovejas pacen justo detrás de la colina".

Y me dije: ¡Maravilla! ¿Cómo es que Dios lo ha elegido de entre los pastores? Y me contestaron:"El es el último eslabón en la cadena de los profetas pastores (Abrahámicos). Sus antepasados fueron todos pastores mensajeros.".
Temblé de felicidad o de admiración, ya que por primera vez un profeta había surgido de entre nosotros.

Encontré la certeza en él y vi a todos mis hermanos congregados a su alrededor: Bilal, un esclavo nacido de madre y padre esclavos de Etiopía y extranjeros en esta nueva tierra; Salmán, un vagabundo del Irán que fue vendido como esclavo; Abu Dharr, un pobre hombre desconocido del desierto; Salem, un poco valioso esclavo negro de la esposa de Houzayfeh, todos se habían hecho sus compañeros.

Confié en él y tuve certeza en él, porque su palacio era unas cuantas habitaciones de barro que él mismo había ayudado a construir. Su lugar de descanso era una lámina de madera cubierta con hojas de palma de dátiles.

Esas eran todas sus pertenencias. Ese fue todo el esfuerzo que le pidió a sus seguidores para construir su morada. Mientras vivió se mantuvo de esa manera, y a la hora de su muerte todavía era de esa manera.

Yo venía del Irán. Había escapado de la gran y poderosa secta sacerdotal de Zoroastro que siempre nos tomaba como esclavos para sus guerras con el fin de obtener más poder. Yo había llegado a su ciudad y había vivido entre los esclavos, vagabundos y gentes que no tienen refugio en el mundo hasta que la muerte hace pesados sus párpados. Se había corrido una cortina sobre la luz de nuestro sol.
Y luego hermano, vi cómo una vez más se construían grandes y gloriosos templos en su nombre, y cómo se blandían las espadas, en cuyas hojas desnudas se leían versos "Yihad" del Corán. Otra vez las arcas del tesoro público estaban repletas con los frutos de los que habíamos sido despojados. Representantes de este hombre cayeron de nuevo sobre nuestras aldeas y se llevaron a nuestros hijos como esclavos para sus líderes y jefes tribales. Vendieron a nuestras madres en el mercado de esclavos, mataron a nuestros hombres en el nombre de una "Guerra Santa" y saquearon todas nuestras pertenencias en el nombre de "impuestos religiosos".

Perdí la esperanza. ¿Qué podíamos haber hecho, hermano? Había surgido un poder que escondía a los ídolos tras un ropaje unificado. Llamas de engaño fueron encendidas en los templos, ante los altares de Dios. Las mismas imágenes de Crasus y del Faraón, que tú conoces bien, hermano, flagelaron a la humanidad en el nombre del Califato de Dios y del Califato del Profeta. Nos humillaron con los argumentos de falsas interpretaciones de las leyes religiosas, y con las mentiras de caras piadosas que se habían unido a los Faraones y a los Crasus. Nuevamente caímos en esclavitud para construir la Gran Mezquita de Damasco.

Una vez más a costa de grandes sufrimientos, los gloriosos "Mihrabs", los grandes palacios como el Palacio Verde de Damasco y los palacios de los Califas de las Mil y Una Noches de Bagdad, fueron construidos a expensas de nuestra sangre y de nuestras vidas y esta vez esto fue hecho en el Nombre de Dios.

Nuevamente creíamos que el camino a la salvación estaba cerrado para nosotros y que nuestro destino siempre sería la esclavitud y el sacrificio.

¿Quien había sido este hombre? ¿Estaba el engaño escondido en su mensaje?¿O estábamos siendo sacrificados por un sistema, un sistema que nos había dejado pudrir en las oscuras prisiones? Saquearon completamente nuestros campos, nuestras posesiones y nuestro destino. ¿Estábamos ambos, ese profeta y yo, decepcionados?
No lo sé. No tengo ningún sitio a dónde ir. ¿A donde iré? Regresaré a mis sacerdotes de Zoroastro? ¿Cómo regresar a los templos que siempre colaboraron con la estructura del poder y están llenos de engaños?

¿Iré con los líderes que pretenden ser los emisarios de la libertad en mi país? Estas eran personas que habían perdido el poder de sus familias en Khorasan, Sistan y Gorgan tratando de establecer un nuevo gobierno revolucionario, y ahora estaban luchando para reestablecer el poder de sus familias e implementar el anterior sistema de ignorancia.

¿Iré a las mezquitas? ¿Qué diferencia había entre las mezquitas y los templos? De repente, hermano, vi los sables cuyas hojas fueron cubiertas con los versos del Yijad, y templos llenos del sonido de las alabanzas y de himnos a Dios. Vi a los que nos llaman a la plegaria, pidiéndonos unidad, rostros sagrados que en el nombre del Califato, en el nombre de la continuación de las tradiciones del Profeta, nos habían llevado a la esclavitud y nos habían masacrado.

Ante mí, con sus sables habían sacrificado en el mihrab a otra persona oprimida. Hermano, Alí (a.s), era de la misma familia que el hombre que había traído el mensaje, Muhammad (s.a.s). Él (Ali) fue asesinado en el palacio de adoración de Dios (mihrab) en la mezquita. Él y su familia fueron destruidos antes que yo y que mi familia y las familias de los esclavos y los oprimidos en la historia. Su casa fue saqueada antes que la nuestra en nombre de la tradición, de “la guerra santa" y de los impuestos religiosos. Antes que el Corán fuera usado como un medio para destruirme y esclavizarme, fue colocado en la punta de la lanza y derrotó a Alí*. (*el autor se refiere a la batalla de Siffin)

Que extraño. Así es como después de cinco mil años encontré a un hombre que estaba hablando con el nombre de allah y no para algún amo. Pedía por los esclavos, pero no como Buda que deseaba alcanzar el nirvana, ni como monjes que puedan llegar a engañar a la gente, ni como personas piadosas que quieren llegar a Dios por ellos mismos, sino con la esperanza de la salvación del pueblo.

Encontré a un hombre (Ali) de Yijad, a un hombre de justicia, una justicia cuyo primer sacrificio fue él mismo. Un hombre cuya esposa (Fátima -a.s-) trabajaba y sufría. Ella, la hija del gran Mensajero, como mi propia hermana, supo de pobrezas y privaciones. Saboreó la pobreza y el hambre, justo como lo habíamos sufrido nosotros. Hermano, encontré a un hombre cuya hija (Zaynab –a.s-) e hijo (Husein –a.s-) heredaron una bandera roja que ha estado en nuestras manos a través de la historia, y en las manos de nuestros líderes. Esta es la razón por la cual después de cinco mil años, por temor a los templos que tú y yo conocemos, por temor al terrible poder que tú y yo conocemos bien, y por temor a los grandes monumentos por los cuales tú y yo fuimos sacrificados, he buscado refugio en esta silenciosa choza de barro.

Los amigos del Mensajero han abandonado la choza y Ali está solo. Su esposa ha muerto. Él va a las plameras de Bani Nayar y reflexiona sobre los sufrimientos que tú y yo debemos sobrellevar. Le temo a los imponentes templos, a los aterradores castillos y a los tesoros que fueron colmados con nuestra sangre y sufrimientos. He buscado refugio en esta casa. He puesto mi frente contra la puerta de esta casa abandonada y he llorado por la tristeza de los siglos, hermano.

Hermano, él y todos sus leales han sido de nuestra sufrida raza. Usaba la belleza de las palabras para hablar sobre nuestra salvación y nuestra pena. Por primera vez habló de belleza no para justificar la pobreza y el encuentro con los poderes, sino, al contrario, para nuestra insurrección y toma de conciencia. Hablaba mejor que Demóstenes, no para defender sus propios derechos, sino los nuestros. Hablaba mejor que los retóricos de Luis XI, pero no en la corte: hablaba por todos los oprimidos contra los poderosos. Usó su sable no para defenderse a sí mismo, ni a su familia, ni a su raza ni a su país, sino para derrotar a los poderosos. Lo usó mejor que Espartaco y con mayor sinceridad de lo que nunca hayamos conocido.

Pensaba mejor que Sócrates, pero no para probar nobles virtudes éticas, prohibidas a los esclavos, sino para demostrar los valores de la humanidad, que tienen mucho más significado para nosotros; no es el heredero de Craso, del Faraón o de los sacerdotes Magi. El no tiene ni un mihrab ni una mezquita. El mismo se sacrificó en nuestros altares.

Es una manifestación de justicia y de pensamiento; pero no en un rincón de la biblioteca de un colegio o academia, ni en las jerarquías académicas de los eruditos quienes se sientan en un rincón con un pensamiento profundo, sin considerar el destino del pueblo, las penalidades de las criaturas, el hambre de las masas. Al mismo tiempo que se dirige hacia los cielos, escucha el llanto de un niño huérfano que lo hace estremecer. Cuando está haciendo el salat olvida los dolores de su cuerpo y lo filoso de una daga.

Hermano, él es un hombre de poesía y conoce la belleza del idioma, no como Ferdowsi en el Shahnameh donde en sesenta mil dichos menciona una sola vez a nuestra raza y a la hermandad del herrero Kaveh. Cuando hablaba del herrero, que obviamente era de nuestra raza y el que confirmó la libertad, la revolución y la salvación del pueblo y de la nación, todavía no había sido elevado lo suficiente a los ojos de Ferdowsi, y sin embargo, fue el único héroe de nuestra raza nombrado en el Shahnameh, pero allí está perdido. ¿Donde y por qué? Porque no es famoso como la raza y cultura de Ferydom, el Rey, y esa es la razón por la cual Kaveh no es mencionado más que unas pocas veces en ese largo poema épico.

Ahora, hermano, yo vivo en una sociedad en la que mi nación, mi clase y yo lo necesitamos. Él es distinto a otros filósofos y genios. Si son genios, no son activos. Si son activos, les falta entendimiento y pensamiento. Si tienen todo lo anterior, no son hombre de espada ni de Yihad y les falta pureza y razón. Si tienen todo lo anterior, les falta amor, sentimientos y sutileza de espíritu. Si tienen todo lo anterior, no conocen a allah y no se pierden en su certeza. Siguen siendo ellos mismos. Pero Ali (a.s) es un hombre que contiene todas las dimensiones de un ser humano. Trabaja como tú y como yo. Cava pozos en el desierto con sus manos desnudas, y, con los mismos dedos, escribe poemas.

Es exactamente un trabajador, es decir, no al servicio de sí mismo sino al servicio de los demás. De repente grita desde un pozo. Lo sacan de él. Está cubierto de barro; el agua empezó a fluir. En esa ardiente tierra, en los alrededores de Medina, el agua brota. La tribu Hashimí se alegra. Pero al mismo tiempo que ha perdido su aliento, diría: "Buenas noticias para mis herederos ya que ellos no tendrán una gota de esta agua". El nos la donó a ti y a mí, hermano.

Ahora lo necesitamos. Necesitamos a un líder como él. Todas las culturas, civilizaciones y religiones han hecho de los seres humanos animales ecónómicos; o animales que adoran individualmente, sumidos en las tumbas de la devoción y de la espiritualidad individuales; o han creado hombres de pensamiento, entendimiento e inteligencia, pero sin sentimientos, sin corazón, sin profundidad y sin amor; o han hecho hombres con sentimientos, amor, inspiración, pero sin inteligencia, pensamiento, ciencia y lógica. Pero Alí, tiene todas estas dimensiones. Alí es el símbolo de la lucha. Él es el símbolo de un ser humano que pacientemente sobrelleva el dolor y el trabajo. Él es el símbolo de un ser humano que tiene algo que decir, que ha estado en el yihad, que a causa de su profunda sinceridad se mantiene leal. Él es el símbolo de un ser humano que llora y sufre silenciosamente. Él es el símbolo de la justicia.

Y ahora, mi hermano, en una sociedad en la que nuestro enemigo está frente a nosotros, en un sistema de poder, donde sus reglas dominan más de la mitad del mundo, y otras reglas el resto, se está acondicionando nuestras mentes para una nueva generación de esclavos.

Ahora somos parte de un sistema en el que supuestamente, no trabajamos gratis para nadie. Hemos sido liberados. La esclavitud ha sido abolida, pero ahora somos más esclavos de los que tú eras en tu tiempo, porque hemos rendido nuestra voluntad. Nos han alimentado con el servilismo de falsas libertades. A través de la ciencia, de la sociología, la cultura, el arte, las ‘libertades’ sexuales, el consumismo y el culto al individualismo, nos han influído fuertemente. Como resultado nos hemos convertido en completos esclavos, y nuestra certeza en metas espirituales, nuestras afinidades con la escuela de pensamiento de Alí y su entrega a la humanidad, han sido borrados de nosotros. Ahora, hermano, nos hemos convertido en vasijas de cerámica, vacías, alineadas de cara al sistema imperante. Aceptamos cualquier cosa con lo que se nos llene.

En el nombre de los estados, la sangre y la tierra, y en el nombre de la enemistad y a quienes representa, estamos divididos en pequeños bocados fácilmente devorados. ¡División! ¡Separación!

El Califato incitó a los seguidores de Alí contra los creyentes en su escuela de pensamiento. Se hicieron enemigos. ¿Por qué el destino que gobierna sobre el mundo y sobre nosotros ha hecho que seamos enemigos? El que ora con las manos cerradas odia al otro que ora con las manos abiertas, o uno es enemigo del otro porque éste se postra sobre una alfombra y el otro lo hace sobre la tierra apisonada.

Las guerras, enemistades y frentes de guerra se han estrechado hasta este punto. Han exiliado a nuestros intelectuales a otros países* (*el autor en 1972) y se han apropiado de la imagen del pastor.

Hermano, tú en tu ingenuidad conocías a tu señor. Sentías el látigo que te laceraba. Sabías que eras esclavo. ¿Por qué eres un esclavo?¿Cuando te convertiste en esclavo? Ahora tenemos tu mismo destino, pero sin saber quién nos convirtió en esclavos en este siglo; sin saber desde dónde nos están flagelando; sin saber cuándo sucumbimos a una forma de pensar desviada.; sin saber quién nos ha colocado en este servilismo terrenal.

Estamos más oprimidos y con mayores privaciones de lo que tú lo estabas en tu época. La discriminación de clases y la tiranía son más fuertes de lo que lo eran en tu tiempo, pero con nuevas caras y nuevos ropajes.

Hermano, Alí, dedicó toda su vida a estas palabras: una escuela de pensamiento, unidad y justicia. Alí es una manifestación de los veintitrés años de lucha al lado del Profeta, sacrificando su vida, lanzándose a la guerra santa por la creación de una certeza de la esencia interior de las cosas. Él es la manifestación de veinticinco años de paciente silencio para preservar la unidad de la sociedad islámica cuando se enfrentaron los imperios romano e iraní. Él es la manifestación de cinco años de esfuerzo y dolor por el establecimiento de justicia, para eliminar complejos y odios. Él usó su sable para liberarnos.

Pero no pudo hacerlo. Sin embargo pudo crear una escuela de pensamiento y es un símbolo eterno para tí y para mí. Hermano, él declaró el din de la justicia y el liderazgo de la humanidad. Dejó tres motivos para los que él y su familia fueran sacrificados: "Escuela de pensamiento, unidad y justicia".

martes, 5 de abril de 2011

El plusvalor de Marx y la Ribâ del Corán.

En este artículo se propondrá que el concepto marxista de plusvalor es una adecuada interpretación para nuestro tiempo del concepto islámico de Ribâ.

El concepto de plusvalor.

La plusvalía o plusvalor (Mehrwert) es uno de los conceptos fundamentales que introduce Karl Marx para explicar el funcionamiento del sistema capitalista. Puede ser definido así:
Diferencia que hay entre el valor que produce el trabajo del asalariado y el valor de su fuerza de trabajo. De esta diferencia se apropia gratuitamente el capitalista.
Para quien no se haya interesado por la teoría económica de Marx esta definición puede resultar poco comprensible. Por ello intentaré esbozar muy someramente algunos aspectos de esta teoría.


¿Qué quiere decir "proletario"?

El sistema capitalista necesita que la mayor parte de la población sea privada -si es preciso, por la fuerza- de cualquier modo de ganarse la vida por sí misma. (Esto ya lo vimos en una entrada anterior sobre la aventura del señor Peel.) A la persona que se halla en esta situación la llama Marx proletario. Lo único que puede hacer un proletario para ganarse la vida es vender su fuerza de trabajo. Vender la fuerza de trabajo es algo radicalmente distinto de vender los productos o servicios que genera esa fuerza de trabajo.
En una economía primitiva, el hortelano que tiene un huerto, un sistema de riego, unas semillas, unos aperos de labranza y un puesto en el mercado, vende sus hortalizas, pero no su capacidad para cultivarlas. Sin embargo, en una economía capitalista, el hortelano que no tiene ni huerto, ni riego, ni semillas, ni aperos, ni un puesto en el mercado, lo único que tiene para vender es su capacidad para cultivar hortalizas. Es decir, solo tiene para vender su fuerza de trabajo.

Aparece el capitalista.

Imaginemos a alguien que sí que tiene huerto, riego, semillas, aperos y un puesto en el mercado, es decir que sí que tiene esos medios de producción. Esta persona podría cultivar él mismo las hortalizas. Pero si tiene un terreno muy grande seguramente necesitará a alguien que trabaje para él. Para eso están los proletarios. Así que este hombre rico compra al hortelano lo único que éste puede venderle: su fuerza de trabajo. El capitalista es el que compra fuerza de trabajo para obtener con ella un beneficio económico. Gracias a esa fuerza de trabajo que ha comprado y a los medios de producción que posee, el capitalista obtiene hortalizas, de las que automáticamente se hace dueño para venderlas como le plazca.


Fuerza de trabajo: una peculiar mercancía.

La fuerza de trabajo que el capitalista ha comprado al proletario es una mercancía más. Ahora bien ¿a cuánto se paga esta mercancía tan peculiar? Es decir, ¿cómo se fija el valor del salario del proletario? Lo lógico -y lo justo- sería que el valor del salario del proletario fuese más o menos equivalente al valor de lo que ha producido su fuerza de trabajo. De hecho, en el mercado de otros productos, las cosas normalmente funcionan de manera bastante justa. Si yo tengo una bicicleta y la quiero vender, un comprador me tendrá que pagar más o menos lo que la bicicleta vale. De modo que si él se empeñase en pagarme mucho menos, yo me negaría a vendérsela, porque seguro que habría otro comprador dispuesto a pagar más por mi bicicleta. Y si, por el contrario, fuera yo quien me empeñase en cobrarle mucho más, él se negaría a comprármela, porque seguro que encontraría a otro dueño de una bicicleta dispuesto a venderla más barata. Así que al final, la bicicleta terminará vendiéndose por un precio más o menos justo.
Sin embargo, ¿Qué pasaría si yo necesitase urgentemente el dinero para poder comer? ¿Y si, además, hubiese cientos de personas hambrientas como yo, personas que no tienen más que una bicicleta para intercambiar por comida? Está claro que me vería obligada a vender la bicicleta por muy poco dinero, no podría permitirme el lujo de regatear. Pues bien, en el sistema capitalista eso es exactamente lo que ocurre con esa mercancía llamada fuerza de trabajo. Hay infinidad de personas para las que ésta es la única cosa que pueden vender y ello les obliga a aceptar casi cualquier precio por ella: si no lo aceptan, no comen.


La creación de plusvalor.

El capitalismo consiste en invertir una cantidad de dinero. Con ese dinero se compran medios de producción y fuerza de trabajo. Gracias a que, como hemos visto, ésta última siempre se paga a menos valor, se genera lo que llamamos plusvalor. El plusvalor, como lo definimos al comienzo, es la diferencia entre lo que se le paga al trabajador por su trabajo y lo que ese trabajador produce. Ese plusvalor adopta la forma del producto o servicio del que se trate: hortalizas, bicicletas, novelas, transporte, cursos universitarios, etc. Cualquier bien o servicio que se produzca de este modo es plusvalor. Al ponerse en el mercado y venderse, el plusvalor se transforma en "plus-dinero", es decir, en más dinero del que se invirtió al principio.
Con esto tenemos que en la sociedad capitalista casi todo lo que se produce, y cada vez más, se produce porque es plusvalor o sirve para generar plusvalor. En el capitalismo, una empresa no produce bicicletas porque la gente necesite bicicletas. Es posible que de hecho, las necesite, pero la cuestión es que no las produce por eso sino para producir más plusvalor. Ese es el motivo por el que en la sociedad capitalista se producen tantos millones de toneladas de cosas que no sirven aparentemente para nada: si se consiguen vender y que produzcan plusvalor, es suficiente. Y también ése es el motivo por el que no se producen cosas que sí serían necesarias. La teoría del plusvalor explica muchos fenómenos curiosos, como el de la famosa obsolescencia programada, el del consumismo irracional, el del expolio autodestructivo de los recursos naturales, el de la falta de medicinas baratísimas de producir en el tercer mundo, el de que no se publiquen libros, discos o películas magníficos, etc.


Yo no puse las reglas: las puso el capitalismo.

Se podrá objetar que no hay por qué suponer que los compradores de fuerza de trabajo, los capitalistas, son gente malvada y egoísta. Un capitalista podría decidir ser más justo y pagar a su asalariado, no lo mínimo para que pueda seguir vivo y sano, sino bastante más, de manera que tanto él como sus trabajadores puedan vivir una buena vida.
Pero aquí entra en juego la característica que hace tan especial y tan destructivo al capitalismo y que lo diferencia de otros sistemas de explotación, quizá más crueles e injustos a primera vista, pero a la larga menos destructivos. El capitalismo es un sistema que no permite que los capitalistas sean "buenas personas". Veamos por qué.
En la Antigüedad y en la Edad Media, los dueños de esclavos o los nobles obligaban a la gente a trabajar para ellos. Se necesitaban el látigo y la coacción física para lograrlo. Pero lo que se obtenía con esto era un excedente de riqueza del que se apropiaban para su propio disfrute mediante artículos de lujo y prestigio, para construir suntuosos palacios o templos, para financiar costosas guerras, etc. En esta época cabía la posibilidad de que hubiese un terrateniente generoso, un aristócrata justo y humano que renunciase a parte de su boato y sus caprichos para que sus esclavos o vasallos llevasen una vida más digna. En el capitalismo la cosa cambia. Un capitalista benévolo o justo con sus trabajadores deja de ser un capitalista pasado un tiempo. Veamos por qué ocurre esto y cómo no tiene nada que ver con las cualidades morales individuales de los capitalistas.
El dinero de los inversores capitalistas, gracias al plusvalor, se convierte en más dinero. El capitalista gana dinero sin hacer nada más que poner dinero. Pero esto solo ocurrirá si se han utilizado buenas técnicas para maximizar el plusvalor. Esas técnicas incluyen cosas como utilizar una mejor tecnología, ampliar el horario de trabajo no retribuido, bajar los salarios, empeorar la calidad real de los productos mejorando la calidad aparente, ampliar mercados, obtener materias primas baratas mediante el expolio de países del tercer mundo, etc. Ahora bien, todos los capitalistas intentarán encontrar las mejores técnicas posibles. De lo contrario, dejarán de ser competitivos y, tras un período de tiempo, si no rectifican, se arruinarán y dejarán de ser capitalistas.
Es decir: esto no es algo que los capitalistas hagan porque sean malvados. Es que si no actuasen así dejarían de ser capitalistas. No es una cuestión de ética individual: es una cuestión estructural. Ante el mal estructural, la ética, la conciencia privada nada pueden. Si un orador lograse, gracias al increíble poder de su palabra, que un gran capitalista mantuviese principios (humanos, culturales, éticos, religiosos) por encima de la lógica del plusvalor, lo único que conseguiría es que otro capitalista sin esos principios ocupase su puesto.
El sistema funciona de tal modo que expulsa automáticamente, como por una ley física, a los que no maximizan el plusvalor. Y maximizar el plusvalor no es compatible con nada que se parezca a justicia.


Todo terminará siendo plusvalor.

El sistema capitalista es un sistema que exige siempre más. Se produce para producir más y a su vez se produce más para producir aun más. Quien no funcione así queda fuera. El capitalismo es expansivo: todo lo debe convertir en plusvalor.
La comida o la bebida, las casas o el transporte, la ropa o los muebles, todos los bienes de consumo que se producen bajo el capitalismo no son sino plusvalor... Pero es que también rápidamente lo están siendo las relaciones humanas, el amor, el odio, la cultura, la religión, el deporte, el agua, el aire, el sol, las ideas, la música, las leyes de la naturaleza, el código genético, la educación, la salud, la familia, la revolución, el pasado y el futuro... Todo se mercantiliza, todo se convierte en plusvalor. Y al hacerlo pierde su naturaleza, pues ya no viene al mundo para cumplir su función originaria, sino solo para generar más plusvalor.
Puede decirse que en nuestro sistema capitalista avanzado y global todos somos y devoramos plusvalor; por más que queramos evitarlo también terminamos siendo engullidos por él y transformados en él. Al final de este post veremos un dicho atribuido a Mahoma en el que parece vaticinarse esta situación.


Los neoliberales confunden plusvalor y mercado.

El marxismo demostró que la causa de la ganancia capitalista es el plusvalor. Es decir, que la ganancia capitalista se produce no en el mercado sino en la producción, antes de la puesta en venta de las mercancías, cuando el asalariado se ve obligado a vender su fuerza de trabajo por menos valor de lo que valen los productos de ese trabajo. Esta teoría ha sido rechazada por los economistas neoliberales, cuyas ideas monopolizan hoy día los medios de comunicación, las universidades y, por supuesto, los Ministerios de Economía. Ellos afirman que las ganancias del capital se producen por el funcionamiento natural del mercado, por la mera ley de oferta y demanda. Para ellos, ese plusvalor del que habla Marx no es otra cosa que el funcionamiento natural y en plena libertad de las leyes del mercado.
Recordemos esta identificación entre plusvalor y mercado que hacen los defensores del capitalismo, porque veremos cómo, antes de Marx, antes incluso de que el capitalismo existiese, fue negada y condenada en el Corán.


Ribâ.

Ribâ es una palabra árabe que significa "incremento", "aumento" y se utiliza casi siempre en su sentido económico.

La monumental Enciclopedia del Islam en 12 tomos, la obra de referencia sobre el Islam en lengua inglesa, define así la palabra "Riba."

RIBA (A.), lit. increase, as a technical term, usury and interest, and in general any unjustified increase of capital for which no compensation is given.

Ribâ es un término importantísimo en el Islam, pues constituye uno de los pecados más condenados por el Corán. La condena más expresa y la que también más nos interesa para lo que queremos sugerir, aparece en 2:275

Los que se benefician de la ribâ se levantarán como si el Diablo los hubiera enloquecido con su toque. Pues ellos dicen: "Ciertamente, el mercado es igual que la ribâ". Pero Dios ha permitido el mercado y ha prohibido la ribâ.

Justamente ésto es lo que hemos visto que afirman los neoliberales hoy día: que el mercado sí es igual que la ribâ. Pero el Corán advierte que tal confusión es propia de los que han sido enloquecidos por el Diablo. El mercado sin más no es malo de por sí, lo que lo hace malo es la ribâ.

¿Interés o usura?

Ahora bien ¿qué significa aquí ribâ? He dejado ribâ sin traducir precisamente porque la interpretación de qué significado tiene la palabra ha producido las más enrevesadas y acaloradas disquisiciones entre los sabios musulmanes de todos los tiempos. Podríamos resumir las dos posturas más importantes que se mantienen hoy día así:
-Para algunos, ribâ significa en el Corán "interés" -es decir, prestar dinero y luego cobrar intereses por ello. Dentro de esta postura hay una infinidad de respuestas a distintas casuísticas. Muchas de ellas, lógicamente, eran desconocidas en tiempos de Mahoma. Por ejemplo: ¿es lícito que el prestamista exija, por lo menos, que se le devuelva el dinero según el aumento del IPC?
-Para otros, el Corán solo condena la ribâ entendida como interés abusivo, como usura.
Actualmente los primeros suelen defender algún tipo de banca islámica. En algunos países como Irán solo están permitidos este tipo de bancos.
Los segundos en realidad se limitan, como lo hacen otras religiones, a condenar los intereses que se consideran subjetivamente como abusivos. Precisamente el hecho de que "abusivo" sea un concepto subjetivo anula cualquier posibilidad real de prohibir la usura.

Lo que parece evidente, no solo en este caso, sino en cualquier otro similar del Corán y de otras escrituras consideradas sagradas por sus creyentes, es que es imposible no interpretar hasta cierto punto lo que ese texto sagrado dice. A mí me parece que en este caso concreto es imprescindible comprender que una prohibición de tipo económico debe cobrar distintas formas en función del contexto económico. Por ejemplo, en época de Mahoma no existía papel moneda, ni bancos, ni bolsa, ni el sistema imperante era el capitalismo. Quizá dentro de unos cuantos siglos existan circunstancias económicas que hoy ni podemos imaginar. Por eso lo razonable sería comprender cuál es el espíritu, la intención o el sentido de la prohibición de la ribâ. Y ese sentido está, me parece, en su significado más general, despojado de cualquier concreción que no sea la única que puede interesar a un musulmán: la moral. Así, para cualquier época o circunstancia, la ribâ es un incremento inmoral de los bienes. Evidentemente, aquí "Inmoral" significaría algo así como "a costa de los bienes de otro, de otros o de todos."
Tenemos, pues, que en su significado etimológico más puro, en su sentido menos específico, ribâ, no es solo interés, o solo usura, o solo especulación, sino, en general, incremento, aumento inmoral de los bienes materiales.
Ahora bien ¿cuál, según hemos visto, es el aumento inmoral por excelencia en nuestro tiempo? Es el plusvalor, sin duda. El interés que pagamos al firmar un préstamo bajo el capitalismo es solo una consecuencia de él y está regido por él.
Curiosamente, además, plusvalor es una traducción literal de ribâ. Quizá no sea mera casualidad que ribâ signifique exactamente lo mismo que Mehrwert, la palabra que eligió Marx para nombrar aquello que constituye la clave del sistema capitalista y, por tanto, la clave de toda inmoralidad económica de nuestro tiempo.
Yo creo que, aunque es perfectamente loable condenar la ribâ como interés abusivo, y, más aun, como interés a secas, la situación económica actual exige comprender que esos tipos de ribâ, bajo el capitalismo actual, son solo derivados de la ribâ verdaderamente decisiva, verdaderamente maligna, la ribâ como plusvalor.
La ribâ hoy es el plusvalor.


El plusvalor y el Mal estructural.

En el mundo actual, el sistema capitalista es el imperante en prácticamente la totalidad del planeta. Este planeta y los seres humanos, animales y plantas que lo pueblan han sufrido un cambio brutal en los últimos dos siglos que es imposible no conectar causalmente con el capitalismo. El capitalismo ha eliminado miles de especies ; ha horadado la tierra, ha esquilmado el mar, ha destruido bosques, ha fundido glaciares, ha aumentado la radioactividad, ha creado aglomeraciones humanas inabarcables, ha derribado tradiciones milenarias, ha acabado con culturas, religiones, lenguas y códigos éticos. El mundo actual sería irreconocible para alguien de hace solo dos siglos. El motor de toda esta destrucción es el plusvalor, o, si lo preferimos, la ribâ. O peor aún, en lo que se está convirtiendo todo el mundo, nosotros, los seres humanos también, es en una inmensa masa de plusvalor que crece y se reproduce devorando todo lo que queda en el mundo que aun no lo es. Esto es lo que algunos teólogos de la Liberación cristianos han denominado con toda exactitud "el Mal estructural."


Un hadiz profético

Quiero terminar citando un hadiz.
Un hadiz es un dicho o hecho atribuido por la tradición a Mahoma. Al contrario que las azoras del Corán, que los musulmanes consideramos no palabras de Mahoma, sino de Dios, los hadices son obra del Profeta, aunque en algunos casos se consideran inspirados por Dios. En árabe, a Mahoma se le denomina Rasul. Aunque se suele traducir así, Rasul no significa "profeta" en el sentido que se le suele dar coloquialmente hoy día, como alguien capaz de pronosticar acontecimientos del futuro. Significa más bien, Mensajero. Sin embargo este hadiz sí que creo que tiene un espeluznante carácter profético, en el sentido de que describe a la perfección el trágico panorama de este mundo nuestro actual. Solo hay que, según hemos argumentado, leer "plusvalor" donde pone "ribâ". Compárese con lo que decíamos arriba de un mundo en el que devoramos y somos devorados por el plusvalor.

Cuenta Abu Hureyra: El Profeta, la paz sea con él, dijo: "Llegará ciertamente un tiempo a la Humanidad en el que no quedará nadie que no devore ribâ, y si queda alguno, no podrá evitar contaminarse con ella."

(Abu-Dawud: Kitab Al-Buyu)