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viernes, 27 de julio de 2012

Extractos de una carta del Imam 'Ali al Imam Hasan‏


¿Cómo podrías alcanzar un lazo más sólido que el que te une a Allah?

Vivifica tu corazón con los discursos, mortifícalo con la abstinencia; ilumínalo con la sabiduría; hazlo humilde con el pensamiento de la muerte; hazle reconocer la precariedad de la existencia; enséñale a ver las calamidades de la vida; ponlo en guardia contra los ataques de la fatalidad y los cambios detestables de la suerte.

Cuéntale los relatos de los antiguos, recuérdale las desgracias que golpearon a aquellos que te han precedido, paséate por sus moradas y sobre los vestigios de su historia, medita sobre lo que han hecho, sobre lo que han dejado, y sobre el lugar que han bajado. Encontrarás que han dejado a sus amigos y han vuelto a la mansión del exilio. Pronto, tú serás, por así decir, como uno de ellos. prepárate un refugio feliz y no vendas tu vida futura por tu vida inmediata. No hables de lo que no conoces, y no hagas discursos sobre aquello de lo que no se te ha encargado. Si temes que un camino te extravíe, no andes por él, puesto que si hay peligro de perderse, más vale de abstenerse que de explorar caminos peligrosos. Aconseja el bien y serás una persona de confianza. Reprueba el mal con tus actos y con tus palabras, y esfuérzate en apartarte de quien hace el mal.

Combate por Allah como se debe sin incurrir en ningún reproche en Su servicio. Mézclate a la lucha por el derecho, donde quiera que sea; ten un conocimiento profundo del Din; acostúmbrate a soportar las contrariedades, puesto que el tener aguante por una buena causa es una excelente cualidad. En toda cosa, busca el refugio en Allah, encontrarás una caverna bien guardada y un poderoso protector. No pidas sino a tu Señor, porque es a Él a quien le pertenece el dar o el negar.

Que sepas que no hay ningún bien en un conocimiento sin provecho, y que no se saca ningún provecho de un conocimiento cuya adquisición no es necesaria.

Lévon Minassian & Armand Amar - Hovern' engan

viernes, 29 de junio de 2012

El Guerrero

El Guerrero es aquel que toma parte activa en la Lucha tanto con sus propiedades como con su alma
pensando solo en Allah, Señor de los Mundos, y que es capaz de comprender el milagro de la vida y de
luchar hasta el final por aquello en lo que cree…Un Guerrero desea ardientemente recibir la recompensa
de Allah por su cumplimiento en la Lucha, que es el deber más importante para todo musulmán.
Allah (s.t.) dice: “…luchad duramente en la senda de Allah con vuestras propiedades y con vuestras
personas; esto es lo mejor para vosotros, y vosotros sois conocedores.”

El Profeta (s.a.s.) dijo: “Un Guerrero es aquel que lucha contra sus pasiones” (At-Tirmidi y Ahmad).

Un Guerrero se aferra al Tawhid (Unidad y Unicidad de Allah) y renuncia a la idolatría,
Se aferra a la Verdad y renuncia a las mentiras,
Se aferra a la justicia y renuncia a la injusticia y la opresión,
Se aferra a la honestidad y renuncia a la traición,
Se aferra a la fidelidad y renuncia a la astucia,
Obedece a sus padres y renuncia a desobedecerles,
Mantiene los vínculos con los amigos y parientes y no rompe con ellos,
Mantiene buenas relaciones de vecindad y no causa daño a sus vecinos,
Un Guerrero siempre usa los buenos modales y rechaza la villanía.
Un Guerrero mira atentamente a los ojos de un niño, pues ellos son los únicos capaces de ver el
mundo sin sombras. Si un Guerrero quiere saber si alguien es digno de confianza, trata de mirarlo con los
ojos de un niño.

Pero jamás pierde de vista las cosas duraderas, y los lazos creados con solidez a través del tiempo.
Un Guerrero sabe distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo.
Todo Guerrero ya tuvo alguna vez miedo antes de entrar en combate.
Todo Guerrero ya traicionó y mintió en el pasado.
Todo Guerrero ya recorrió un camino que no le pertenecía.
Todo Guerrero ya sufrió por cosas sin importancia.
Todo Guerrero tiene que llegar a la conclusión de que no era un Guerrero.
Todo Guerrero ya falló en sus obligaciones espirituales.
Todo Guerrero ya dijo “sí” cuando quería decir “no”.
Todo Guerrero ya hirió a alguien a quien amaba.

Por todo ello, tiene el derecho de ser llamado un Guerrero, un Guerrero, porque atravesó todo lo
anterior y no ha perdido la esperanza de ser mejor de lo que antes era.
Un Guerrero sabe que los enemigos existen para probar su Iman (la certeza del Corazón en el Islam),
su coraje, su perseverancia, su habilidad para tomar decisiones y su paciencia. Los enemigos están
haciendo que él cumpla su papel y su deber ante Allah Todopoderoso.


El libro del guerrero
Por Abdullah Shamil Abu Idris
(Shamil Basayev)


viernes, 4 de mayo de 2012

Sobre Ibn Tufayl: El filósofo autodidacto

Esto es un extracto y resumen de E. García Gomez, de la obra que, traducida primero al inglés (Pococke, 1671), luego haría al castellano Francisco Pons Bohigues en 1900. Fue titulada por Ibn Tufayl como Risala Hajj ibn Yaqzan fi asrar al-hikma al-masriqiyya (Epístola de Hajj hijo de Yaqzan acerca de los secretos de la sabiduría iluminativa), y conocida en las traducciones occidentales como El filsósofo autodidacto.

"En una isla desierta de la India, situada bajo el Ecuador, por medio de condiciones particularmente favorables, nace un niño del seno de la arcilla en fermentación, sin padre ni madre. Según otra versión, ha sido llevado a esta isla por una corriente marina, en un cofre que la madre, princesa perseguida, que habitaba en una isla vecina, ha confiado a las olas para sustraer a su hijo de la Muerte.

Este niño es Hajj ibn Yaqzan. Adoptado por una gacela, que le amamanta y le sirve de madre, crece, observa y reflexiona. Dotado de una gran inteligencia, no sólo sabe proveer ingeniosamente a todas sus necesidades, sino que por el uso combinado de la observación y el razonamiento, llega pronto a descubrir por sí mismo las más altas verdades físicas y metafísicas.

El sistema filosófico a que llega, que es, naturalmente, el de los falasifa, le conduce a buscar en el éxtasis místico la unión íntima con Dios [Allah], que constituye a la vez la plenitud de la ciencia y la felicidad soberana, continua y eterna. Retirado en una caverna, donde llega a ayunar cuarenta días consecutivos, se esfuerza en separar su intelecto del mundo exterior y de su propio cuerpo, mediante la exclusiva contemplación de Dios [Allah], con objeto de unirse a su Señor, lo cual logra por fin.

En este punto, entra en relación con Asal, piadoso personaje venido de la isla vecina para dedicarse en paz a la vida ascética en esta pequeña isla, que él cree inhabitada. Asal enseña el lenguaje a este compañero, tan singular como inesperado, y encuentra con sorpresa en el sistema filosófico de Hajj ibn Yaqzan una interpretación trascendente de la religión [din] que él mismo profesa, y de todas las religiones reveladas. Le conduce entonces a la vecina isla, gobernada por el piadoso rey Salaman, comprometiéndose a descubrir las sublimes verdades que ha desvelado. Mas esta tentativa fracasa.

Nuestros sabios se ven obligados, finalmente, a reconocer que la verdad pura no conviene al vulgo, encadenado en la servidumbre de los sentidos, y que, para penetrar en estas inteligencias groseras y obrar sobre estas rebeldes voluntades, tiene que revestirse de los símbolos que constituyen las religiones reveladas. Por consiguiente, abandonan para siempre a estas pobres gentes, recomendándoles que observen fielmente la religión [el din, la senda] de sus padres, y vuelven a su isla desierta a vivir esta vida superior y verdaderamente divina, cuyo privilegio tienen en bien poco los hombres."

"Un cuento árabe*, fuente común de Abentofail y de Gracián", E García Gomez.

*Error muy común, no es árabe, sino andaluz escrito en árabe.




lunes, 24 de enero de 2011

La cuestión simbólica andaluza


La cuestión simbólica, la que trata principalmente de una vexilología y una heráldica propias en la nación andaluza, ha sido escandalosamente ignorada -salvo dignas excepciones- por el movimiento independentista andaluz. Ha llegado el momento de plantear seriamente este tema en sociedad, con la coherencia y sensatez que caracteriza nuestra causa. Como pueblo tenemos derecho a decidir cómo representarnos a nosotros mismos y el lugar donde vivimos sin tener que usar los símbolos que nos impuso una conquista.
Los sucesivos gobiernos de España desde hace más de 500 años no han escatimado esfuerzos en despojar a los andaluces de su identidad, corrompiéndola y falsificándola. Para la historia oficial, Andalucia es un producto de España; ganada y reconquistada a unos “moros” a los que luego expulsó “para gloria de la cristiandad”. Fantasías y mentiras, basadas en una única realidad: la incorporación forzosa de los andaluces a un poder extranjero. Desde entonces, los símbolos del conquistador son los únicos válidos, como únicamente válidos han sido su gobierno, su lengua y su religión.
Por mucha que sea la presión ejercida por el colonizador, Andalucia tiene historia e identidad, tanta como las naciones que la rodean, y pese a que los andaluces no siempre tienen constancia de ellas. Es por ello que reclamamos usar símbolos propios, no extranjeros; que nos representen, no que representen la desdicha de nuestro pueblo. Rechazar como propios los emblemas del conquistador es dar un paso más hacia nuestra soberanía.
El mismo padre de la patria nos dio un incomparable ejemplo en la elaboración de una bandera, un escudo y un himno para nuestra nación. Blas Infante buscaba así recuperar la dignidad de una Andalucia despojada de todo desde hace siglos. Nos mostró un camino a seguir, para que los andaluces llevásemos ahora ese esfuerzo de progreso más allá de donde lo dejó él: a nuestras comunidades.
Son muchas las localidades que tienen entre sus símbolos emblemas extranjeros, mientras que otras no los tienen, o su lectura es ambigua o neutral. Sería ideal que el proceso de búsqueda de una simbología propia pasase, primero, por buscar en nuestro pasado como pueblo libre, y segundo, que la población se prestase voluntariamente para un posterior concurso y elección.
Quizá este asunto no sea prioritario en el movimiento de liberación nacional, pero desde luego es algo que debemos abordar para un próximo cambio. Para construir nuestro presente y futuro, debemos tener en cuenta nuestro pasado, y esto, es lo que el Estado Español ha pretendido eliminar con sus sucesivas políticas coloniales en nuestro país. Para luchar en el presente y por el futuro, debemos de recuperar nuestra identidad como Pueblo, rechazar los símbolos impuestos, y luchar por la recuperación de nuestra Memoria Histórica, rescatar algo imprescindible para nuestra liberación: nuestra conciencia, y como dice nuestro Himno Nacional: “volver a ser lo que fuimos”.

Asabiyyah, Comunidad Musulmana Andaluza y JIRA, la Juventud Independentista Revolucionaria Andaluza.